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Tuesday, March 19, 2013

Picasso para niños

¿Quién no ha dicho, u oído, alguna vez eso de que las obras de arte contemporáneas las puede hacer hasta un niño de tres años? Algo parecido es lo que sucedió en la primera exposición internacional de arte moderno que tuvo lugar en EE.UU. en 1913. Conocida hoy en día como The Armory Show, ya que el primer lugar donde fue expuesta era una armería de Nueva York, esta exposición viajó por tres ciudades estadounidenses, la mencionada Nueva York, Chicago y Boston, presentando el nuevo lenguaje visual europeo al público norteamericano. La más recordada de estas exposiciones es la que tuvo lugar en el Instituto de Arte de Chicago, y no precisamente por su exhaustividad o poder revelador, sino por el revuelo que se organizó entre el público contrario a este nuevo tipo de representación figurativa basado en la interpretación. La exposición en Chicago estuvo precedida por acusaciones de radicalización del arte para convertirlo en un circo y las numerosas protestas culminaron en una representación estudiantil burlesque que organizó un juicio a Matisse a las puertas del museo por: «crimen artístico, rapto pictórico, rapiña artística, degeneración total del color, uso erróneo y criminal de la línea, aberración estética total y abuso contumaz del título».

 

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John T. McCutcheon, Chicago Daily Tribune, 27 de febrero de 1913.


 

No obstante, a pesar del tumulto y la burla de que fueron objeto estos nuevos artistas, la exposición tuvo un efecto de contagio en el sentido en que las exposiciones en las que este nuevo arte estaba presente se multiplicaron en la década de los 20 y de los 30, además de que promovió la creación de nuevas asociaciones artísticas que buscaban promocionar y enseñar a comprender el nuevo arte contemporáneo. Asimismo, supuso una fuente de inspiración para que los artistas norteamericanos comenzaran a cuestionar el statu quo estético.

 

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John Marin, El bajo Manhattan desde el río, nº 1, 1921.
Acuarela, carboncillo y grafito sobre papel. 55,6 x 67,3 cm.
Metropolitan Museum of Art, Nueva York.


 

Para conmemorar esta singular exposición, el Instituto de Arte de Chicago organiza ahora, y hasta el 12 de mayo, una muestra individual sobre uno de los artistas que se dieron a conocer al público estadounidense en esa exposición: Pablo Picasso. Desde que se presentara por primera vez en esta sala, la relación entre el artista y la ciudad de Chicago no ha hecho sino aumentar, hasta el punto de que en esta ocasión el museo juntará 250 obras provenientes de su propia colección y de colecciones privadas basadas en la ciudad. En ella se podrán ver ejemplos de la versatilidad de Picasso y la multitud de soportes que empleó para desarrollar su particular concepción de la forma. Entre otros, se expondrán cuadros, esculturas, litografías, dibujos y cerámicas. Una oportunidad que no te puedes perder para conocer una de las ciudades estadounidenses que estuvieron a la vanguardia de la apreciación del arte contemporáneo y la obra de un artista que aunque no necesita presentación puede todavía depararnos grandes sorpresas estéticas. Además, la afluencia de trabajos que los curadores se han esmerado en yuxtaponer nos permitirá conocer algunas obras que no se exponen al público normalmente.

Pero, ¿qué pasa con la percepción general sobre el arte contemporáneo? A decir verdad no es que la cosa haya cambiado mucho desde que se llevara a cabo esta exposición. Sí es cierto que dentro del mundo artístico se ha producido un cambio que se traduce en que la aceptación es casi unánime en que todos coinciden en alabar la exploración de formas y materiales, aunque de manera creciente se ha instalado en la apreciación popular la creencia de que cualquiera puede realizar semejantes «borratajos». Mauricio, el personaje principal de una de las excelentes novelas de Eduardo Mendoza analiza con palabras certeras, a mi parecer,ambos argumentos de la discusión: «Hoy en día el aspecto técnico del arte tiene poca importancia. Antes había que pintar bien un paisaje, un retrato o el éxtasis de san Francisco. El arte se valoraba con criterios artesanales. Hoy esto es secundario, por no decir superfluo. Cuando personas incultas y estúpidas dicen que un cuadro no figurativo lo puede pintar un niño o un mico, dicen la verdad. Pero es una verdad irrelevante. Porque lo importante es el significado de la obra, no para el artista sino para la sociedad. Un cuadro en blanco o un lienzo roto no tendrían ningún significado si los hiciera yo. En cambio sí que lo tienen cuando provienen del taller de un artista consagrado; y no por papanatismo, sino porque en este caso representan la posición del artista con respecto al arte». (Mauricio o las elecciones primarias, Seix Barral, 2006. p. 10).

Si después de esto te pica la curiosidad y quieres conocer más a fondo la obra de este polifacético artista te recomendamos la lectura de la extensa y cuidada obra de Jp. A. Calosse: Picasso, donde podrás encontrar numerosas fotografías de gran calidad en un formato fácil de transportar, para que lo puedas ir leyendo en el avión de camino a Chicago.

Picasso and Chicago, Art Institute of Chicago, hasta el 12 de mayo de 2013.

Monday, March 18, 2013

Apadrina un Dalí

Dalí es el hombre de las mil caras, de la extravagancia como estandarte, de la controversia como modelo de vida, de la teatralidad como forma de promoción, del enfrentamiento con sus contemporáneos, de los exabruptos calculados, del culto al dinero por encima de todo y también,  afortunadamente, del surrealismo llevado al extremo. ¡Viva Dalí, muerte al pan!


Son muchos los textos que se han escrito sobre su persona y su estilo de vida, seguramente más en vida de él que después de su fallecimiento, aunque en verdad basta con acercarse a las conjugadas frases que nos dejó para tratar de entender su histriónico carácter. Ya a la temprana edad de 16 años escribió en su confitado diario: «seré un genio, y el mundo me admirará». Con esta declaración de intenciones es fácil comprender la fuerte voluntad de que hizo gala a lo largo de su carrera para ser tomado por un loco en un mundo que se caracterizaba de más en más por su inestabilidad. Y hablando de Gala, a quien amaba más que a las butifarras, uno de los argumentos que tuvieron más peso en las fuertes críticas que recibió de sus compañeros de movimiento estaba relacionado con la adoración biológica que sentía por el dinero,  no por menos, este fue el desencadenante de su expulsión del grupo liderado por André Breton, tras un juicio popular al que se presentó vestido de gala con una manta y un termómetro; sin embargo, Dalí tenía a gala presumir de esta afición desmesurada por el que otros consideraban vil metal, renegó del grupo que después le consideró su santo patrón y afirmó con galanía: «Amo a Gala más que a mi madre, más que a mi padre, más que a Picasso y más, incluso, que al dinero».




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Dalí, Placeres iluminados, 1929. Óleo y collage en tabla. 24 x 35 cm. Musem Of Modern Art. Nueva York


Para poder admirar a este genio en todas sus acepciones y conocerlo por las conmocionantes obras que le lanzaron al estrellato, el Centre Pompidou en París le rinde un jondo homenaje para el que cuenta con algunas de sus mejores y más conocidas pinturas en una exposición sin precedentes que pretende aclarar toda la fuerza de su obra y todo aquello que esta debe a su personalidad, tanto a sus rasgos de genio como a sus excesos. En ella podremos ver de segunda mano, de primera sería imposible, Los relojes blandos, prestado por el MOMA de Nueva York, y otros préstamos de los principales museos de Dalí del mundo: Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid, la Fundació Dalí de Figueras y el Dalí Museum de San Petersburgo. De esta manera nos podremos evitar unos cuantos viajes y con solo un pequeño desplazamiento a la capital de la barra de pan fina podremos disfrutar de uno de los artistas más populares y que sin duda más supieron hacer uso de la creciente proliferación de la auto publicidad. Habrá que darse prisa porque la exposición termina el 25 de marzo, pero hay tiempo suficiente y, además, el Centre Pompidou ha ampliado sus horarios gracias a la marcial afluencia de gente. No solo se puede asistir incluso los domingos sino que el museo permanece abierto hasta las 23h cada día. Un pequeño consejo, si os decidís a hacer una visita sacad la entrada con antelación pues os evitaréis unas colas miriamétricas, con decenas de miles de Miriams esperando su turno.

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Cartel surrealista, 1934. Óleo. Colección privada.


Antes de empezar a preparar las maletas y obligar a tu pareja a que te acompañe, vete calentando motores con cualquiera de estos libros que presentan una extensa y magníficamente ilustrada colección de obras del artista, y con la que además será más fácil convencerla. Salvador Dalí y Dalí a secas, de Victoria Charles, o Life and Masterwoks of Salvador Dalí de Eric Shanes (en inglés). Si ya está de acuerdo, podréis compartir el placer de observar el despliegue de imaginación sin confines del que el maestro siempre fue adalid. Si no tienes pareja y te decides a ir solo, la buena noticia es que todo te saldrá a mitad de precio. Porque, eso sí, la entrada al museo no es gratuita, pero que mejor manera de contribuir al homenaje a Dalí, que colaborar a que la memoria del artista se siga enriqueciendo con aquello que casi más quiso.

Dalí, Centre national d'art et de culture Georges Pompidou, hasta el 25 de marzo de 2013.

Tuesday, March 12, 2013

Señoritas de pro

«Tienes ya edad, Jo, de dejar trucos de muchachos y conducirte mejor». Esto le decía la mayor de las hermanas March a Josephine, caracterizada por su aire masculino y su fuerte carácter. Mujercitas, el clásico de Louisa May Alcott que narra la evolución personal de cuatro jóvenes en los años de la Guerra de Secesión estadounidense, fue sin duda una revolución en la literatura estadounidense del siglo XIX y una de las lecturas favoritas de muchas niñas –y no tantos niños– de todo el mundo, incluidas la que escribe y Rachel, de Friends.

Ahora bien, ¿en qué sentido fue transgresora esta novela para niñas —por desafortunada y «decimonónica» que resulte esta clasificación—? Pese a que en el siglo XIX se desechara la idea de que la infancia era una etapa maleable e insignificante de la vida imperante en el siglo anterior, ésta fue sustituida por una concepción virginal de las niñas a comienzos del nuevo siglo. Las niñas no debían ser otra cosa que inocentes angelitos, preocupadas por la moda, la higiene y los quehaceres domésticos. «Niñas antiguas» vestidas de blanco, con pololos y puntillas, enaguas y fajas de raso en tonos pastel, como la pequeña Fanny Travis Cochran retratada magistralmente por Cecilia Beaux.

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Cecilia Beaux, Fanny Travis Cochran, 1887.
Óleo sobre lienzo, 91,4 x 74,1 cm.
Donación de Fanny Travis Cochran
Pennsylvania Academy of Fine Arts 1955.12, Filadelfia, Pensilvania.


En contraste con esta imagen, Jo March encarna las transformaciones que se operaron en la percepción de la niñez a lo largo del siglo: una niña podía ser algo más que una futura señorita; podía ser creativa, independiente y decidida, anhelar la libertad de los chicos y tener ambición.

Esto bien lo saben los organizadores de la exposición itinerante «Angels and Tomboys – Girlhood in Nineteenth-Centurty American Art», que explora el papel de las niñas y adolescentes en la pintura, la escultura, los grabados, la fotografía y la literatura estadounidenses en el siglo XIX. Pone de manifiesto que, además de niñas angelicales sumisas e insustanciales, también existían niñas desgarbadas que se comportaban como chicos, niñas que habrían preferido combatir en una guerra que destruyó hogares en lugar de quedarse en casa haciendo calceta, niñas obligadas a trabajar y adolescentes que debían hacerse mujeres muy a su pesar.

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Abbott Handerson Thayer, Ángel, 1887.
Óleo sobre lienzo; 92 x 71,5 cm.
1929.6.112.
Donación de John Gellatly.
Smithsonian American Art Museum, Washington D. C.


Abbott Handerson Thayer pintó una alegoría de su hija como un ángel custodio que brindara salud a su mujer, hospitalizada por «histeria». No obstante, el rostro del ángel, como el de Fanny Travis Cochran, tiene un aire reflexivo y de introspección que parece expresar su inconformidad ante la extendida práctica de internar a cualquier mujer insatisfecha.

Ésta y otras criaturas angelicales estarán expuestas en el Memphis Brooks Museum of Art hasta el 12 de mayo de este año. No obstante, si te faltan las alas para viajar hasta allí, puedes consolarte con algunas de las más bellas representaciones de sus portadores divinos recogidas en Ángeles de Klaus Carl.

Tuesday, November 20, 2012

A solas con Hopper

Para una amplia mayoría de historiadores del arte y críticos, la obra de Hopper está necesariamente ligada a la soledad. Así pues, ya que debemos hablar de Hopper, hablemos de soledad. Y ya que estamos, hagámoslo de la soledad llevada al extremo, que es el solipsismo. Este término alude a una forma extrema de subjetivismo que afirma que lo único que existe es el propio yo o, al menos, lo único que puede ser conocido. Cualquier noción externa a uno no tiene entidad sino como producto de nuestra mente. Bueno, de «mi» mente, ya que estoy yo sola. Sería algo así como Juan Palomo in extremis.

Realmente se presenta como una idea desoladora, pero podría verse como la única forma de preservar la singularidad ante un mundo cada vez más masificado. En este sentido, la obra de Hopper se podría calificar de solipsista, porque las figuras que representa parecen elegir estar solas, incluso aunque aparezcan en compañía de otros. La soledad es su forma de no participar de la modernidad, del optimismo generalizado, de las incongruencias del mundo; es una forma de ensimismamiento. A este respecto, Hopper declaró que la abstracción que se desprende de sus cuadros tal vez no fuera otra cosa que un reflejo de su propia soledad, o quizá un elemento característico de la condición humana.

 


People in the Sun (Grupo de gente al sol), 1960.
Óleo sobre lienzo, 102,6 x 153,4 cm.
Smithsonian American Art Museum, Washington D.C.


 

En People in the Sun, por ejemplo, vemos a un grupo de personas orgullosas de su propia soledad, con la mirada fija en el horizonte o en una hoja de papel, sin establecer ningún tipo de contacto entre ellos. La absoluta falta de comunicación acentúa la sensación de soledad. Esta obra reúne todos los elementos característicos de Hopper: las grandes formas geométricas, la aplicación de colores planos, la presencia de elementos arquitectónicos y, por supuesto, el protagonismo de la luz, que al proyectar las sombras sobre el pavimento parece ser lo único que tiene movilidad en la composición.

 


Two Comedians (Dos comediantes), 1966.
Óleo sobre lienzo, 73,7 x 101,6 cm.
Colección de la familia Sinatra.


 

En una de las biografías de Hopper se afirma que se identificaba con la marginalidad de los payasos y otros artistas igualmente ajenos al mundo real. Así, en su última obra, Two Comedians, vistió a su mujer, Josephine, y a sí mismo de pierrots que saludan al público al final de su actuación. Hopper hace una reverencia al espectador y lleva de la mano a aquella que lo acompañó en todo. ¿Qué significa esto? ¿Acaso trataba de decirnos que la soledad que pintaba no era más que metafórica, pues siempre la compartió con Jo? ¿Tal vez es una broma de mi mente solipsista que trata de hacerme entender que el Hopper del que hablo no era más real que este que se despide vestido de comediante?

 

Tanto si existes fuera de mi mente como si no, no te pierdas la mayor retrospectiva dedicada al artista que acoge el Grand Palais de París hasta el próximo 28 de enero ni desaproveches la oportunidad de llenar tu soledad con esta monografía en formato electrónico de Gerry Souter.

 

 

Tuesday, October 9, 2012

Entre naturalismo e impresionismo: Caillebotte

Debo admitir que cuando, hace no mucho, mi jefe me nombró a Caillebotte, no sabía de quién me estaba hablando, mucho menos su nacionalidad o el movimiento estético al que pertenecía (y no digamos cómo escribirlo). Pero Google existe por una razón, así que hice una búsqueda y me quedé sorprendida al ver que, aunque no conocía el nombre del artista, las imágenes me eran muy familiares. Y es que con Caillebotte pasa como con las canciones clásicas, que todo el mundo las conoce pero poca gente es capaz de decir el intérprete/autor.

Este acaudalado impresionista tuvo parte de culpa del éxito de sus compañeros y luego cayó en el olvido (¿quizá por su toque naturalista?). Y digo que tuvo culpa porque se convirtió en su mecenas, además de amigo y colaborador, y no contento con eso, a su muerte donó su colección al Estado.


Calle de París, día lluvioso, 1877.
Óleo sobre lienzo, 212,2 x 276,2 cm.
Art Institute, Chicago.


Es precisamente esta mezcla de impresionismo y naturalismo lo que, a mi parecer, lo hace interesante y le da ese aspecto de fotografía a sus obras. Eso, además de los temas elegidos, claro, ya que como buen impresionista se dedicó a retratar el París urbano, pero lo hizo con un aire más del siglo XX que del XIX (hay quien afirma que le recuerda a Hopper, y no me parece una comparación desacertada).

La exposición «Gustave Caillebotte. An Impressionist and Photography» del Schirn Kunsthalle de Fráncfort del Meno hace especial hincapié en este aspecto fotográfico; tanto que expone, junto a las obras de Caillebotte, fotografías de finales del siglo XIX y principios del XX. Si tienes un rato, puedes acercarte y maravillarte con la obra de este no tan conocido pintor. O si lo prefieres, puedes hacerte con este libro de Nathalia Brodskaya.

Friday, October 5, 2012

Rubens también se habría dejado seducir por el Photoshop

Aquí y ahora, me propongo romper una lanza a favor de la belleza alterada, esa que busca la perfección que resulta agradable a la vista. ¿Y a qué se debe mi repentino interés por esta falsedad y por qué la reivindico? En primer lugar, se me ha dado la oportunidad de hablar de Pedro Pablo Rubens, archiconocido por sus representaciones de mujeres rotundas y lozanas. En segundo lugar, porque a diario la prensa internacional recoge notas polémicas relacionadas con el Photoshop, esa herramienta que convierte a los diseñadores gráficos en dioses modeladores de la imagen.

Veamos algunas de las más recientes. En respuesta a la petición impulsada por una joven de Maine que obtuvo más de 84.000 firmas, la editora de la revista para adolescentes estadounidenses Seventeen se comprometió a no retocar las fotografías que publique, así como a mostrar a modelos reales y saludables. Por lo general, estos programas de edición de imágenes se utilizan profusamente para alterar el color y el tono de piel, borrar arrugas y adelgazar las formas. No obstante, esta semana la aplicación también ha salido a la palestra por «engordar» a la que muchos consideran la heredera de Elle McPherson, la modelo Karlie Kloss. Tras la controversia que se generó en torno a esta joven y delgadísima modelo en diciembre del año pasado, cuando Vogue Italia se vio obligada a retirar una de sus fotografías que estaba siendo utilizada por numerosos sitios pro anorexia, la edición japonesa de la revista Numéro optó por disimular las marcadas costillas de la supermodelo. Pues bien, aunque pueda parecer contradictorio, este nuevo uso del software tampoco se ha librado de las críticas (y no sólo por parte del indignado fotógrafo responsable, Greg Kadel).

Y es que estamos ya tan acostumbrados a los retoques en la industria de la moda y las revistas (también en otros medios con objetivos distintos, pero eso es harina de otro costal), que hemos dejado de esperar que las fotos sean un fiel reflejo de la realidad. Muchos lectores asumimos que la mayoría de las imágenes se manipula de alguna forma, y no sólo en lo que respecta a las imperfecciones humanas, sino que los cielos se hacen más brillantes, se eliminan los objetos que resultan inadecuados para la composición y se realzan los colores para que parezcan más «auténticos». En el fondo, lo que se intenta es adaptar el mundo a esos ideales que no existen sino en nuestros pensamientos y que dependen de épocas y subjetividades.

 


Pedro Pablo Rubens, Júpiter y Calisto, 1613.
Óleo sobre tabla, 126,5 x 187 cm.
Gemäldegalerie Alte Meister, Kassel.


 

No voy a decir que estoy de acuerdo con la exaltación de las costillas salientes, los vientres y las mejillas hundidos y los glúteos inexistentes, porque evidentemente no es así. Sin embargo, quien afirme que la belleza se debe representar exacta y crudamente como es en realidad y tome a grandes maestros como Rubens como ejemplo, evidentemente no se ha detenido a mirar lo artificialmente perlada que es la piel de sus figuras ni cómo estas se recortan sobre fondos oscuros y reciben calculados haces de luz que las hacen resplandecer.

Si he conseguido sacudir tu interés por las graciosas mujeres de Rubens, tienes aún unos días para planear tu visita a la exposición que acogerá el Von Der Heydt-Museum de Wuppertal desde el 16 de octubre hasta el 28 de febrero del próximo año. Y si no puedes esperar tanto y quieres empezar a debatir sobre si el flamenco pintaba a las mujeres de su entorno tal como eran o según le resultaban más complacientes, llévate a casa este ebook de Victoria Charles.

 

Tuesday, September 25, 2012

Almuerzo sobre la hierba y ratones en la despensa

Con el afán de presentar sus colecciones al público de una forma diferente, el Nationalmuseum ha organizado una exposición sobre la Francia del siglo XIX y la vida moderna que surgió en ese convulso siglo, concretamente en el período comprendido entre la Revolución Francesa y el estallido de la primera guerra mundial.

Por algún motivo, lo primero que se me viene a la mente a la hora de hablar sobre este tema es la conocidísima fábula del ratón de campo y el ratón de ciudad. De forma resumida, con plena consciencia de que existen infinitas y sutiles variaciones, cuenta la historia de un ratón de ciudad que invita a un ratón de campo a participar de las exquisitas golosinas de su despensa urbanita, pero su festín es trágicamente interrumpido y el ratón de campo pone pies en polvorosa hacia su adorada campiña convencido de que ningún manjar es lo suficientemente delicado como para exponerse a los peligros de la ciudad.

¿Y qué relación puede guardar una fábula de la Antigüedad clásica con Francia y con la época de las guerras napoleónicas, la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano, los viajeros del grand tour, la industrialización, la primera proyección de los hermanos Lumière, la expansión del ferrocarril, los Salones, las Exposiciones Universales, las renovaciones artísticas y las revueltas de la recién constituida clase obrera? Pues bien, en primer lugar, en mi cabeza esos dos ratones son evidentemente franceses. No sé si será por el queso, pero Francia tiene algo (o mucho) de ratona; además, no puedo sino imaginarme al pobre ratón rural extasiado ante un despliegue de Comté, de compota de higos, de marrons glacés, de macarons, de milhojas, de magdalenas o de petisús salidos del horno del mismísimo Carême, cocinero de los reyes. En segundo lugar, el siglo XIX se caracterizó por las grandes migraciones del campo a la ciudad. Es el siglo en el que París se convierte en la ciudad por excelencia, donde la burguesía es la clase dominante, que pasea por las grandes avenidas y los bulevares, se entretiene en los grandes almacenes, va a la Ópera de Garnier o a los espectáculos de cancán, toma el metro o se reúne en los café-concerts más populares. (También fue una época marcada por epidemias devastadoras, como la del cólera, y los roedores se cuentan entre los transmisores de esta enfermedad, aunque esto le da un tinte algo macabro a la narración).

Los burgueses decimonónicos y las escenas cotidianas de su vida moderna nos resultan extremadamente familiares gracias al legado de los innovadores artistas que ejercieron de observadores e intérpretes de una era: los románticos, los realistas, los pintores paisajistas y los impresionistas. Gracias a ellos, la vida cotidiana se convirtió en el tema pictórico por excelencia y se desecharon los ideales academicistas por motivos más dramáticos que, en ocasiones, fueron objeto de burlas y suscitaron una verdadera conmoción. Un ejemplo es este Almuerzo sobre la hierba de Manet, que se exhibió por primera vez en el «Salon des Refusés» (Salón de los rechazados) autorizado por el emperador Napoleón III en 1863.

 


Edouard Manet, Almuerzo sobre la hierba, 1863.
Óleo sobre lienzo, 208 x 264,5 cm.
Musée d’Orsay, París.


 

Aunque Manet se inspiró en obras clásicas, los personajes son indudablemente modernos y los bruscos contrastes entre las luces y las sombras, así como la falta de perspectiva y de profundidad, suponen una ruptura con los convencionalismos técnicos. El artista trata simplemente de reflejar lo que su ojo ve, con sus limitaciones, y nos presenta una escena bucólica de belleza, tranquilidad y recreo. La bulliciosa modernidad del siglo XIX también supuso un resurgimiento del tema horaciano del Beatus Ille, la descansada vida alejada del mundanal ruido que alabó fray Luis de León. En definitiva, la misma cuestión vital que expone el ratón de campo, que estimó su grama y su abrojo «mucho más de allí adelante».

Hasta el 1 de enero del próximo año podrás explorar el siglo XIX tal como lo reflejaron los pintores, fotógrafos y escultores de la vida moderna. Y para abrir boca, deléitate con las «escandalosas» visiones de los artistas impresionistas que se recogen en esta obra de Nathalia Brodskaya.

 

Tuesday, September 18, 2012

Ecce homo, ved aquí al hombre

Solo puedo decir que estoy francamente impresionada por la campaña publicitaria que ha lanzado el Getty para promocionar la muestra dedicada al recién restaurado retablo del maestro renacentista holandés Maerten van Heemskerck (1498-1574), «Drama and Devotion: Heemskerck’s “Ecce Homo” Altarpiece from Warsaw»... Contratar a una devota y bienintencionada octogenaria para «retocar» un eccehomomenor en una pequeña iglesia española con un resultado tan ridículamente jocoso que se convierta en el tema del momento y que ponga los Cristos y las restauraciones de arte de primerísima actualidad... No puedo más que rendirme a los pies de ese genial e increíblemente retorcido publicista en cuyas manos Internet es poco más que una redecilla de pelo. Supongo que no se podían permitir que tantos meses de trabajo quedaran en la sombra.

Bromas, memes y contenido viral aparte, los estudios realizados han sacado a la luz importantes datos sobre la técnica y el estilo del virtuoso Heemskerck. Entre otros descubrimientos, el equipo de restauradores ha podido comprobar que se habían producido notables variaciones en el color, que es uno de los elementos que dotaba de dramatismo a esta gran pieza. No obstante, pese a que los trabajos parecen haber sido impecables, el tema de la restauración de obras maestras del arte levanta polémica allá donde se deja oír. La intervención de los frescos de la bóveda de la Capilla Sixtina es, discutiblemente, el proyecto que más conflicto ha generado hasta el momento, ya que muchos expertos aseguran que las sombras y el trabajo de carbón de Miguel Ángel se perdieron con la restauración. Afortunadamente, la reparación del Ecce Homo de Heemskerck es un ejemplo destacado de las virtudes de la restauración de arte, como también lo es la obra más afamada y singular de otro de sus contemporáneos, El jardín de las delicias de El Bosco.


Hieronymus Bosch, El Bosco, El jardín de las delicias (detalle), c. 1500-1501
Óleo sobre tabla, 220 x 389 cm.
Museo Nacional del Prado, Madrid.


Las obras de Heemskerck, de El Bosco y de otros artistas inmortales de su generación, como Hans Memling, lograron sobrevivir a una época tumultuosa en la que la furia iconoclasta destruyó una gran cantidad de imágenes y objetos sagrados asociados a la fe católica. ¿Hasta qué punto es asumible el riesgo de que sufran riesgos irreparables durante un traslado de Polonia a Los Ángeles o en el transcurso de los trabajos de restauración? Y si la obra resultante deja de ser la obra maestra que un día fue, ¿qué interés podría tener para las futuras generaciones? ¿Quién pone el límite entre la conservación de los valores estéticos e históricos y la reconstitución basada en conjeturas?

Sea cual sea tu postura, tienes opciones: si eres un contumaz defensor de la buena y justificada restauración, no te pierdas la exposición en The J. Paul Getty Museum, que permanecerá abierta al público hasta el 13 de enero del próximo año; si, en cambio, prefieres seguir las tendencias globales, no dejes de pasarte por Borja, Zaragoza, antes de que intervengan los verdaderos profesionales. Y si no quieres moverte de casa, deléitate con las sublimes obras maestras de Memling de Albert Michiels y de El Bosco de M.L. Patrizi y Virginia Pitts Rembert en ebook o versión impresa.

Tuesday, September 11, 2012

Caillebotte, un impresionista con calidad fotográfica

Gustave Caillebotte falleció demasiado joven. Su vida transcurrió entre 1848 y 1894, en esa convulsa época de transformaciones, conflictos y replanteamientos que fue el siglo XIX. Estudió derecho, pero rechazó su formación como jurista para dedicarse a retratar la vida moderna francesa y a pintar sensaciones junto a los pioneros del arte impresionista. La herencia que recibió tras el fallecimiento de su padre le permitió convertirse en el gran mecenas de Degas, Manet, Renoir, Monet, Pissarro, Cézanne y Sisley, entre otros, cuyas obras legó al Estado francés. Como muchos de sus amigos impresionistas, abandonó la despiadada ciudad para retirarse al barrio de Petit Gennevilliers, a orillas del Sena, donde cultivó un bello jardín, se refugió en la naturaleza y practicó el remo con pasión.

De algún modo, su labor de mecenazgo ensombreció su propia carrera artística. Tal como afirma el personaje más pedante y estirado de la película Midnight in Paris, la declaración de amor de Woody Allen a la ciudad de la luz, es posible que Caillebotte sea el impresionista más subestimado de todos. Quizá la más conocida de sus obras sea Los acuchilladores de parqué, que formaba parte de la colección que el gobierno de Francia rehusó aceptar durante los tres largos años que duró la «affaire Caillebotte». Este cuadro también había sido rechazado por el jurado del Salón de 1875, ya que fue una de las primeras representaciones artísticas del proletariado, un tema a todas luces «vulgar».

 


Gustave Caillebotte, Los acuchilladores de parqué, 1875.
Óleo sobre lienzo, 102 x 146,5 cm.
Musée d’Orsay, París.


 

La alineación de las tablas del parqué y el torso desnudo de los trabajadores son reveladores de su formación académica junto a Léon Bonnat, pero la elección del tema es radical y sigue la línea de los maestros realistas Millet y Courbet. No obstante, las pinturas de Caillebotte no articulan un discurso social, moralizador ni político como los obreros del campo y los campesinos de los anteriores; más bien al contrario, recrean una atmósfera de serenidad, una especie de descanso vital en medio de la agitación. Por otro lado, Caillebotte seleccionaba perspectivas arriesgadas y extrañas y sus encuadres no delimitaban escenas completas. Para la Schirn de Fráncfort del Meno este uso audaz de las técnicas de representación de la profundidad convierte a Caillebotte en un pionero del uso de los medios fotográficos que se pusieron en práctica en los años veinte y así nos lo presenta en la exposición «Gustave Caillebotte. Ein Impressionist und die Fotografie» (Gustave Caillebotte. Un impresionista y la fotografía) que se inaugurará el próximo 18 de octubre y estará abierta hasta el 20 de enero del próximo año.

La muestra incluye cincuenta cuadros y dibujos de Caillebotte y los compara con las instantáneas de fotógrafos contemporáneos y de los genios que revolucionaron el mundo de la fotografía y desecharon los convencionalismos, como André Kertész, László Moholy-Nagy, Alexander Rodchenko y Wols. Esta es precisamente la faceta más rompedora de Caillebotte: su significativa relación con la formación de nuevas visiones. Sus obras no sólo son un registro de lo que vieron sus ojos, sino que enseñan al espectador a mirar con ellos.

Henri Cartier-Bresson, el padre del periodismo fotográfico moderno, afirmó que «sacamos fotos de cosas en constante proceso de desaparición, y una vez que han desaparecido, no hay forma humana de hacerlas volver». Y así es, las fotografías, como los cuadros, nos permiten acceder a realidades que ya no existen, a fragmentos de la realidad que nunca volverán, a las vidas de quienes veían y quienes fueron vistos. Quien tenga alma de burgués parisino decimonónico y espere que tres hombres descamisados vengan a acuchillarle el parqué, puede esperar sentado... o puede hacerse con un ejemplar de este libro de Nathalia Brodskaya para regodearse en la vida moderna del siglo XIX a través de los ojos de los grandes impresionistas.

 

Tuesday, September 4, 2012

De los fiordos a Mallorca: un viaje por el mundo interior de los simbolistas europeos

Un cielo es un cielo. Nadie lo pone en duda. Ahora bien, ¿qué es un cielo teñido de rojos, violetas y anaranjados? Puede ser el firmamento de aquella tarde junto al mar que ponía fin a un inolvidable verano; el del alba, para el guarda que termina el turno de noche y vuelve a casa; el que proyecta una nueva erupción del Vesubio que traerá consigo el fin del mundo; las reminiscencias de un fuego lejano que consume esperanzas y vidas... ¿Y si es de color verde?, ¿y si lo moldeamos con los dedos?, ¿y si parece derretirse y fundirse con el mar?, ¿y si es pardusco y atemporal?, ¿y si está desenfocado?, ¿y si está surcado de espirales y remolinos, como el de Noche estrellada de Vincent van Gogh? Por mucho que un cielo no sea más que un cielo, puede inspirar en nosotros las más profundas emociones y hacernos reflexionar sobre temas universales como el ambiente opresivo de la ciudad, la muerte o el destino.


Vincent van Gogh, Noche estrellada, 1889.
Óleo sobre lienzo, 73,7 x 92,1 cm.
Museum of Modern Art, Nueva York.


Esto bien lo sabían los pintores europeos cuyas obras acoge una de las más recientes exposiciones de la National Gallery of Scotland. Se trata de pintores que califica de simbolistas, herederos de los preceptos del impresionismo, que sometieron la realidad a su voluntad. El poeta Mallarmé instó a los simbolistas a que no se limitaran a pintar lo que veían sino los efectos que aquellos objetos producían en ellos.

La corriente artística del simbolismo surgió a finales del siglo XIX, entre los años 1880 y 1910, en una época en la que los avances científicos ponían en tela de juicio la supremacía del hombre sobre el mundo natural y en la que el progreso tecnológico empezaba a crear un sentimiento de preocupación por las consecuencias del materialismo. En ese contexto, los simbolistas retomaron el idealismo romántico de William Blake, Caspar David Friedrich y J. M. W. Turner y lo aplicaron a las realidades tangibles y efímeras retratadas por los impresionistas. Su objetivo era expresar su individualismo, su mundo interior, y traducir realidades universales a un lenguaje de tristeza, amor, angustia, anhelo...; en otras palabras, pintaban «paisajes del alma» que hablaban del hombre, de la sociedad, del infinito.

La muestra incluye a algunos de los principales artistas vanguardistas, como van Gogh, Gauguin, Munch, y Mondrian, y a un considerable número de pintores no tan conocidos. En el fondo, el concepto de simbolismo resulta tan vago que es difícil determinar quiénes entran claramente en el saco y quiénes deberían quedarse fuera.

 

Sea como fuere, la exposición es un verdadero desfile de paisajes radicales y extremadamente evocativos, que permiten recorrer Europa a golpe de sentimientos. Estará abierta hasta el 14 de octubre, así que aún tienes algo de tiempo para estudiar la obra de van Gogh en casa y decidir si sus cielos son lo bastante sugerentes para ti.

Wednesday, August 15, 2012

¿Son los ángeles víctimas de la moda?

Cuando tenía 4 años, murió mi abuela. Mis padres, imagino que en su afán de no traumatizarnos a mis hermanos y a mí, nos dijeron que habían venido unos ángeles a llevársela. Eso habría dejado tranquilo a cualquier niño, ya que estos seres celestiales tienen fama de bondadosos y protectores del ser humano. Y de hecho funcionó con el resto de mi familia, pero yo no soy cualquier niño y me pasé los meses siguientes aterrorizada ante la idea de que un ángel pudiera venir y llevárseme a mí también, o peor aún, a mis padres y hermanos (esta idea me resultaba especialmente horrible en los días de tormenta). Si a esto añadimos que por aquel entonces iba a un colegio de monjas y mi clase estaba muy cerca de la capilla, podéis haceros la idea de que ese año no fue el mejor de mi vida.

Pero dejando fantasías infantiles a un lado, los ángeles han estado representados en el arte desde que el hombre es hombre (o, quizá mejor dicho, desde que dios es dios) y están presentes en las tres religiones del libro. Seguidores de las modas, heredaron sus alas la mitología griega y cambiaron sus vestimentas conforme a los gustos de cada época, desde el uniforme militar del principio (no olvidemos que son el ejército de dios) hasta las túnicas con que todos nosotros solemos imaginarlos.


Edward Burne-Jones, Un ángel tocando el fagot (detalle), c. 1878.
Témpera y pintura dorada sobre papel, 74,9 x 61,2 cm.
The National Museums and Galleries on Merseyside, Liverpool.



Carlo Saraceni, Santa Cecilia y el ángel, c.1610.
Óleo sobre lienzo, 172 x 139 cm.
Palazzo Barberini, Galleria Nazionale d’Arte Antica, Roma.


Estas criaturas divinas han traspasado a todas luces el campo de la religión y ahora las tenemos por todos lados: postales de San Valentín, imanes para la nevera, series anime, canciones, e incluso anuncios de desodorante o de queso crema, por no hablar de la adaptación que la subcultura gótica ha hecho de su imagen, mezclándola con la de sus compañeros caídos para crear un infierno realmente atractivo (si El Bosco levantara la cabeza).

The Israel Museum, Jerusalem hospeda actualmente una exposición sobre estos seres celestiales en la que podrás apreciar las diferentes estéticas según la época y la religión a la que se adscriben; se podrá visitar hasta el 3 de noviembre de este año. Pero si no tienes tiempo, también puedes llevarte a estos bondadosos —o terroríficos—seres a casa en forma de ebook.

Tuesday, August 14, 2012

American Pie

El Whitney Museum ha organizado una exposición titulada «... as apple pie» en la que la palabra que obviamente falta delante de los puntos suspensivos es «American». En ella reúnen obras de todos los artistas representativos (y representadores) del «American way of life», y si hay alguien que no podía faltar, ese es Jasper Johns (también conocido en ámbitos no artísticos como «el tipo que pinta banderas»).

Precursor del Pop Art, basa su arte en objetos cotidianos, por lo que, siendo estadounidense, no es de extrañar que su obra esté llena de referencias a esa cultura de la que, además, no podría ser mejor ejemplo: Nacido en un hogar roto, creció con diversos miembros de su familia en varios pueblos de la costa este para finalmente mudarse a Nueva York; allí se enroló en el ejército y cuando regresó a la Gran Manzana se involucró activamente en la vida artística de los 60. Ahora vive en Connecticut y tiene una propiedad en Saint Martin.


Jasper Johns, Flag (Bandera), 1954-1955.
Encáustica, óleo y sobre tela montado en contrachapado, tres paneles, 107,3 x 153,8 cm.
Museum of Modern Art, Nueva York.


La mayoría de sus obras reproducen emblemas nacionales, especialmente banderas y mapas, lo que podría hacer que nos planteáramos si es realmente un artista o un mero nacionalista pintor de iconos (cosa de lo que, seamos sinceros, todo europeo que se precie tacha a los americanos al menos una vez en su vida. Y no hablo de lo de «pintor de iconos», aunque también). Y es que en él se juntan dos de las grandes preguntas del siglo XX ¿Es el Pop Art realmente arte o sólo una panda de libertinos que, al amparo de la mayor libertad de los 60, aprovechó para hacer fortuna riéndose de todo el resto?


Jasper Johns, Map (Mapa), 1961.
Óleo sobre lienzo, 198,2 x 314,7 cm.
Museum of Modern Art, Nueva York.


La otra, si los americanos son nacionalistas o patriotas quedará en el aire durante mucho tiempo, pero igual puedes aclarar un poco tus ideas en la exposición del Whitney Museum, de duración indefinida, o te puedes llevar a casa parte de la esencia americana con este magnífico libro.

Tuesday, July 31, 2012

Libertadamente Gaultier

Todos hemos oído alguna vez ese apelativo un tanto raído de «L’enfant terrible de la moda» que se utiliza con frecuencia para calificar a un sinnúmero de modelos y diseñadores —mujeres ellas, hombres ellos, salvo la honrosa excepción de Vivienne Westwood—, especialmente a los segundos. La frasecilla no atiende al decoro y habla sin acatamiento del réprobo John Galliano, del atribulado Alexander McQueen, del guipuzcoano Ion Fiz, del talentoso Esteban Cortázar, de mi paisano David Delfín, de Christian «L’enfant-Roi» Deslauriers, del renovador Marc Jacobs o, cómo no, del francés Jean Paul Gaultier.

Precisamente a este último le ha dedicado una exposición el de Young de San Francisco. «The Fashion World of Jean Paul Gaultier: From The Sidewalk to the Catwalk» estará abierta al público hasta el próximo 24 de agosto para desvelar algunos aspectos claves del ceremonial del diseñador. En mi opinión, pese a que el propio Gaultier define su marca como «alta costura para la calle», la coletilla del título de la exposición puede inducir a engaño; ya que «de la acera a la pasarela» sugiere unos orígenes más similares a los de la tenaz Edith Piaf que a los relativamente cómodos de Gaultier como alumno de Pierre Cardin. No obstante, la gloria de ambos sí que es comparable.

Jean Paul Gaultier es, sin duda, el legítimo «enfant terrible», porque decora las formas femeninas como si jugara con muñecas y se divierte enormemente al hacerlo. Para muestra, basta ver alguno de los vídeos promocionales de los nuevos diseños para ese refresco bajo en calorías universal, cuyos botellines ha vestido como si fueran mujeres. Bajo sus cuerdas, el cuerpo femenino se convierte en un lienzo sobre el que pinta la belleza en todas sus formas. Los motivos de las botellas son sus diseños fetiches: las rayas bretonas, los tatuajes y los corsés.

Precisamente, con esta última prenda de vestir, el diseñador halló el contrapunto entre la opresión y la libertad. En su colección Dada de 1983, desafió el carácter tradicional del corsé como ropa interior. El famoso corsé que diseñó para la «ambición rubia» en 1990 se convirtió en un verdadero símbolo de la irreverencia y la seducción de una feminidad exacerbada. Las figuras encorsetadas de Gaultier dan un paso más hacia la emancipación estética; son mujeres fuertes y seguras de sí mismas que se sienten cómodas en su propia piel.

Ya lo sabes, si te apasiona el estilo, la lencería, el cine, la libertad, las transparencias y todo aquello que aviva los sentidos, no te pierdas el espectáculo que se ha montado en torno al couturier-niño en San Francisco. Si, además, consideras que, al igual que un buen corsé, unos buenos zapatos de tacón embellecen las piernas, mejoran la postura y hacen que las mujeres se sientan poderosas y estilizadas, no dudes en hacerte con un ejemplar de Zapatos (o, por qué no, con un par).


Zapatos de tacón con cristales Swarovski diseñados por Salvatore Ferragamo para que Marilyn Monroe los utilizara en la película Let’s Make Love, dirigida por George Cukor en 1960.
Museo Salvatore Ferragamo, Florencia.

Friday, July 27, 2012

Munch, ese que pintó El grito

Crees que sabes todo lo que hay que saber sobre Edvard Munch, ¿verdad? A tu juicio, era un solitario de alma atormentada, que pintaba escenas de trauma y desamparo y que se dejaba llevar por la angustia y la melancolía... ¿van por ahí los tiros? Pues la nueva exposición de la Tate Modern pone tu erudición sobre el noruego en entredicho y te invita a explorar las facetas más desconocidas de su personalidad a través del análisis de los temas que abordó en sus obras. Los de la Tate quieren que conozcamos más a un artista que era mucho más que «el tipo ese que pintó El grito» y nos enseñan, entre otras cosas, que su trabajo estuvo fuertemente influenciado por la deficiencia visual degenerativa que padecía y por su creciente interés por la fotografía.



Para la comunidad artística, la posibilidad de descubrir al hombre que se esconde tras el pintor y de conocer sus verdaderas motivaciones y las fuentes de inspiración de todas sus obras o de todos los periodos artísticos de su carrera constituye un sueño hecho realidad. Sin embargo, de algún modo, al completar el puzzle se pierde el halo de misterio que lo envuelve y se desvanece el carácter único y desgarrador de sus cuadros. Parece que conocer los detalles banales de la vida del artista requiere el sacrificio de su carácter legendario y del atractivo que emana el Munch torturado y ajeno al amor, ese que pintó sus obras maestras en un frenesí de contradicciones actuando como catarsis de sus traumas de juventud.





Edvard Munch, El grito, 1893.
Témpera y cera sobre cartón, 91 x 73,5 cm.
Nasjonalmuseet, Oslo.


La nueva mirada que los expertos han arrojado sobre Munch revela que conocía muy bien las técnicas y los efectos visuales que empleaba y que su principal motivación para retomar sus temas preferidos una y otra vez no era otra que su viabilidad comercial. Si es así, el tipo ese sabía jugar sus cartas... Tal vez, la Tate debería tomar ejemplo y ofrecernos a ti y a mí lo que queremos, es decir, al Munch abatido y desesperado que creemos conocer. Según tengo entendido, El grito no se vendió nada mal...



Tienes la oportunidad de visitar la exposición Edvard Munch: The Modern Eye en la Tate Modern hasta el 14 de octubre de 2012 y ver cómo se te cae un mito o llevarte a casa este eBook y disfrutar de la aflicción de Munch en su apogeo.

Monday, July 2, 2012

Tiempos de pasión y la pasión de aquellos tiempos

Hasta el 12 de agosto el Nationalmuseum de Estocolmo acoge «Passions – Five Centuries of Art and the Emotions», una exposición dedicada a las emociones humanas y a su lectura por parte de diversos artistas desde el siglo XVI hasta la actualidad.

La muestra abrió sus puertas el pasado 28 de marzo, en plenas vísperas de la Semana Santa, y eso nos lleva a pensar directamente en la Pasión por antonomasia, la que padeció Jesucristo para redimir a la humanidad. ¡Y cuánto juego ha dado su sufrimiento desde entonces! Artistas de todas procedencias, adscripciones y confesiones han tratado de imaginar el semblante del Hijo de Dios y darle forma. Profunda tristeza, exaltación, ira, temor, perturbación, traición, gozo, desconsuelo, dignidad, dolor, abatimiento, pesar, muerte... ¿Cómo se reflejan todos estos factores en nuestra fisionomía? ¿Se pueden estandarizar las manifestaciones somáticas de la «ira sosegada», del «goce de estar triste» o del «dulce tormento»? ¡Qué tema tan apasionante la pasión!

Y es que, lejos de su significación etimológica, lo que despierta pasiones en la actualidad no son tanto los tormentos como nuestras inclinaciones y afectos. Así, nos apasionamos por el fútbol, por las causas justas, por la política, por la lexicografía, por los bailes de salón, por el vino, por el arte. ¿Y acaso hay algo más pasional que el amor? Ahora bien, ¿cómo se representa un rostro enamorado? ¿Con un emoticono de mirada perdida y corazones que se desvanecen en el aire? El amor parte de la propia insuficiencia, por lo que solo se puede retratar en contexto. Se refleja en un cruce de miradas, en un encuentro, en un gesto... en un beso.


Francesco Hayez, El beso, 1859.
Óleo sobre lienzo, 110 x 88 cm.
Pinacoteca di Brera, Milán.


Los besos apasionados son el resultado de un impulso amoroso y el final indispensable de cualquier superproducción de Hollywood que se precie o de una telenovela que cause sensación. Pero aparte de alguna que otra muestra de chabacanería y sentimentalismo, el buen cine, la fotografía, la literatura, la escultura y la pintura nos han dejado ejemplos de besos inolvidables, como el de Holly y Paul en Desayuno con diamantes, el famoso beso robado del marine a la enfermera en Times Square, el «legítimo beso» de Romeo a la yaciente Julieta, El eterno ídolo (1889) de Rodin, Psiqué reanimada por el beso del Amor (1787-1793) de Canova o las representaciones de los jóvenes y trágicos amantes Francesca da Rimini y Paolo Malatesta. El beso de Hayez que ilustra estas letras nos convierte en testigos impertinentes de un beso clandestino, tierno, hermoso, deseado, lleno de nostalgia y melancolía y apasionadamente intenso. Todos estos besos, plagados de matices, algunos tiernos y otros envenenados, sujetos a mil y una interpretaciones, nos estremecen y encienden en nosotros una pasión que puede ser feliz, arrebatadora, triste o desconsolada, pero en ningún caso indiferente.

Pon en práctica tus dotes de intérprete de emociones y no te pierdas la exposición en Estocolmo o conmueve tu pasión con las arrebatadoras ilustraciones del amor de Love. Y si has progresado tanto en el amor que ya no te alcanza el mundo para otra cosa, como escribió García Márquez, continúa deleitándote en las artes amatorias con Desnudos, Fotografía erótica y Dibujos eróticos.

Turner, Monet y Twombly: Un trío extraño

¿Qué pueden tener en común un romántico inglés, un impresionista francés y un simbolista estadounidense? Esto es lo que se nos plantea en la exposición de la Tate de Liverpool llamada «Turner Monet Twombly: Later Paintings». Sinceramente yo aún estoy tratando de averiguarlo.

Haciendo un recuento de la carrera artística de cada uno, queda bastante claro que sus obras tienen poco, si no nada, que ver unas con otras, lo que te hace preguntarte cómo diantres se le ha podido ocurrir a nadie agruparlos en una exposición. Sin embargo, si nos centramos en los últimos, digamos 20, años de sus vidas, supongo que podría decirse que la obra de Turner fue transformándose en un incipiente impresionismo (ya fuera esa su intención o no), y la de Twombly, especialmente Blooming (de Floración), profundiza en el interés de este movimiento por la naturaleza, que era precisamente el tema más apreciado por Monet.

Pongamos como ejemplo estos dos cuadros. Supongo que, mirándolos con los ojos entornados y bizqueando, alguien podría encontrar el parecido entre el río San Luca de Turner (izquierda) y el San Giorgio de Monet (derecha).




Claude Monet, San Giorgio Maggiore, 1908.
Óleo sobre lienzo, 59,2 x 81,2 cm.
National Museum Wales, Cardiff.


Y quizá, forzando un poco más la vista, se puedan encontrar las similitudes con la colección Estaciones, de Twombly:


Cy Twombly, Cuatro estaciones: Invierno, 1993-1994.
Acrílico, óleo y lapicero sobre lienzo, 322,9 x 230 cm.
The Tate Gallery, Londres.


Personalmente, creo que Twombly debería considerarse afortunado por formar parte de este peculiar grupo junto a estos dos grandes maestros, mientras que Monet y Turner deberían preguntarse cómo ha ocurrido y, quizá, interponer una demanda por calumnias. ¿Qué crees?

Compara y contrasta las obras de estos prolíficos artistas en la exposición de la Tate de Liverpool Turner Monet Twombly: Later Paintings hasta el 28 de octubre de 2012. También puedes admirar los cuadros de Monet y Turner en casa, con estos libros de su vida y obras maravillosamente ilustrados, Turner y Monet.

Thursday, June 28, 2012

La Madonna Sixtina y la amplitud tangencial

De forma muy simplificada, Internet funciona así: la información se divide en paquetes de datos que se transmiten a otro destino en el que vuelven a recomponerse. Una idea aparentemente sencilla que ha revolucionado por completo el funcionamiento del mundo, así como nuestra forma de procesar la información. La fragmentamos para no perdernos el siguiente trending topic, para compartirla, para masificarla, para simultanearla... En definitiva, dejamos el conocimiento profundo y la investigación para los doctorandos y nos conformamos con verdades mascadas, breves y siempre accesibles.

No obstante, la fragmentación no es un fenómeno exclusivo de la era de Internet. Por ejemplo, este año se cumplen cinco siglos de la creación de La Madonna Sixtina, uno de los óleos más famosos del Renacimiento italiano, por parte del genial Rafael. Sin duda alguna, esta obra, que en el siglo XIX era más popular que la Mona Lisa de da Vinci, destaca por su belleza y su dulzura; pero también resulta extremadamente enigmática. Las miradas de la Virgen y el Niño reflejan consternación y una especie de temor reverencial, san Sixto, arrodillado a los pies de María, apunta con su dedo al espectador, por el que parece interceder, y rostros de ángeles fantasmagóricos dominan el fondo de forma velada. Y en la parte inferior del cuadro, dos encantadores y rechonchos querubines se encaraman a la base para no perder detalle de la escena que se representa.


Rafael, La Madonna Sixtina, 1513-1514.
Óleo sobre lienzo, 265 × 196cm.
Gemäldegalerie Alte Meister, Dresde.


Y precisamente a ellos me refería con lo de la fragmentación de información, pues la popularidad de estos dos angelotes ha superado con creces a la del propio Rafael y de su magistral Madonna. Aislados de la composición, se han copiado hasta la saciedad y se han convertido en el motivo por excelencia para aficionados al punto de cruz y a la serigrafía. No digo que no sean exquisitos, pero su carrera en solitario los ha convertido en acicates de la cursilería.

Hasta el próximo 26 de agosto, tienes la oportunidad de maravillarte ante la belleza de esta obra, de conocer a fondo el contexto histórico en el que fue concebida, de descubrir cuál ha sido su trayectoria en estos últimos 500 años, de dejarte atrapar por la virginal belleza de la madre de Cristo, de asombrarte con el gran parecido que la Virgen guarda con la Donna Velata, de fascinarte con los muchos misterios que rodean a la homenajeada y, por supuesto, de apreciar los fragmentos como un todo en la exposición conmemorativa The Sistine Madonna: Raphael’s iconic painting turns 500 de la Gemäldegalerie Alte Meister de Dresde.

 

Y si aún quieres saber más sobre la obra de este genio del Renacimiento, te invito a deleitarte con las bellas reproducciones de Raphael, disponible tanto en edición impresa como en formato digital.

Thursday, June 21, 2012

El chamanismo y la Teoría del caos

De acuerdo con la Teoría del caos existen tres tipos de sistemas: Estables, inestables y caóticos. La vida, obviamente, pertenece a la tercera categoría si atendemos a la afirmación de Edward Lorenz: «cualquier sistema no periódico es impredecible». Es en esto en lo que se basan todas las religiones a la hora de atraer a sus fieles, prometen un mundo ordenado y explicado, y es mucho más evidente en las religiones primitivas como el chamanismo.

El chamán es la persona encargada de lidiar con los espíritus y la naturaleza, lo caótico y sobrenatural, y ofrecer una explicación «lógica» que tranquilice al hombre. Gracias a este trato con el más allá es capaz de curar enfermedades, controlar la naturaleza y la meteorología. Para esto, utilizan todo tipo de rituales en los que se sirven de utensilios, máscaras y drogas, materiales que se pueden observar en la magnífica exposición sobre el chamanismo en África del musée du quai Branly, que ofrece además una completa explicación antropológica y obras de artistas actuales relacionadas con el tema.



Lo cierto es que, por mucho que nos sorprendan estos ritos, siguen estando presentes en la sociedad actual, y no hablo sólo de los famosos rituales de vudú tan utilizados en las películas americanas o en las guías de viajes a países africanos y latinoamericanos, sino de prácticas presentes en el supuesto «primer mundo». Los curanderos, mediums y adivinos, así como la homeopatía, las pulseras power balance o el movimiento antivacunación demuestran que, por mucho que la ciencia avance, seguimos necesitando de estos chamanes para que nos den una explicación del caos que nos rodea. Porque el efecto mariposa está muy bien, pero no nos deja tranquilos.

Deja a un lado tu visión occidental del mundo y disfruta del chamanismo en la exposición «Les Maîtres du désordre» del musée du quai Branly que finaliza el próximo 29 de julio o sumérgete en el arte pre-colonial africano con este libro magníficamente ilustrado.

Wednesday, June 13, 2012

Los libros de horas en la Edad Media

Si pensamos en iconos medievales nos viene a la cabeza El Cid Campeador, representando la Reconquista y las guerras de religiones, de las que nos quedan castillos como el de Loarre (Huesca), el de Lorca (Granada), o el de Montjuïc (Barcelona). Por otro lado tenemos las peregrinaciones religiosas y los magníficos edificios góticos y románicos, como las catedrales de Santiago de Compostela, León, Burgos o Salamanca.

De esto se deduce que la parte integradora de la vida y el arte medieval era la religión, elemento tan importante que no fueron pocos los nobles que quisieron incorporar elementos monásticos a su vida cotidiana. Para ello nacieron los libros de horas, un compendio de salmos, oraciones y abundantes iluminaciones referentes a la vida cristiana que permitían al devoto llevar al día (o más bien a la hora) sus rezos y de manera personalizada, ya que era compuesto especificamente para él. Una suerte de aplicación para teléfono móvil individualizada (sobre todo si tenemos en cuenta el pequeño tamaño de los libros, que facilitaba su transporte).


Hermanos Limbourg, El mes de mayo en el calendario de Las muy ricas horas del Duque de Berry, c. 1412-1416. 22,5 x 13,6 cm. Musée Condé, Chantilly.


Pero ¿eran realmente tan religiosos como aparentaban? El libro de horas encargado por el Duque de Berry, uno de los más hermosos de los que nos han llegado, se encuentra en un estado de conservación prácticamente perfecto, lo que hace pensar en un uso poco frecuente. Tanto Jean de Berry como los iluminadores del libro, los hermanos Limbourg (los tres menores de 30 años), murieron por causas desconocidas en 1416. ¿Casualidad o castigo divino?

Aún te quedan dos semanas para admirar Las muy ricas horas del Duque de Berry en el Louvre, pero si no te va bien acercarte siempre puedes recrear la época medieval con este fantástico surtido de libros sobre el arte de la Edad Media.

Tuesday, June 12, 2012

Las particuliaridades inglesas y las acuarelas paisajísticas

¿Qué puede haber más inglés que una taza de Earl Grey con una nube de leche? ¿Tal vez un sándwich de pepino en un platito de porcelana? Para el Victoria and Albert Museum de Londres, pocas cosas son tan peculiarmente inglesas como las acuarelas de los paisajistas británicos del siglo XIX y de principios del XX.

Las acuarelas paisajísticas se pueden considerar la expresión artística de una época. Durante el siglo XIX, antes del auge de la fotografía, el paisajismo tuvo un papel predominante sobre otras formas de arte en la cultura occidental, y la topografía se convirtió en el instrumento ideal para representar detalladamente lugares concretos. La asociación entre esta forma de expresión artística y las singularidades inglesas puede no ser evidente, pero no cabe duda de que hay algo muy «inglés» en el hecho de que la topografía constituyera una oportuna fuente de ingresos para Turner, Constable y Gainsboroug, entre otros. Por un lado, las acuarelas eran fáciles de transportar, por lo que resultaban muy útiles para registrar ora los puntos de interés en el largo viaje que debía emprender todo aristócrata inglés que se preciara, ora los hallazgos de los expedicionarios. Por otro lado, la élite cultural disfrutaba contratando a artistas para que dejaran constancia de su prosperidad en forma de castillos y propiedades. Sin duda, se puede reconocer algo del prestigio del abolengo británico en tales aplicaciones.


John Constable, Stonehenge, 1835.
Acuarela sobre papel, 38,7 x 59,7 cm. Victoria and Albert Museum, Londres.


Hay quien encuentra esta técnica farragosa y piensa que nunca debería haber sido inventada. También hay quien considera que el mayor éxito de Turner fue que, en su afán por sentir la naturaleza, se ató al poste de un barco en mitad de una tormenta. Personalmente considero que estas obras representan a la perfección el espíritu romántico inglés ¿Y tú?, ¿ves en ellas la representación de «lo sublime», la seriedad y el aplomo ingleses?


J. M. W. Turner, Warkworth Castle, Northumberland, 1799.
Acuarela sobre papel blanco, 52,1 x 74,9 cm. Victoria and Albert Museum, Londres.


La exposición «So Peculiarly English: topographical watercolours» estará abierta desde el 7 de junio de 2012 hasta el 1 de marzo de 2013 en el Victoria and Albert Museum para que puedas disfrutar de las particuliaridades del paisaje inglés, tanto si quieres ver más allá del terreno como si no. Además, puedes complementar tu visita con este ebook sobre Turner o consultar otras obras en la Ebook Gallery.