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Wednesday, August 15, 2012

¿Son los ángeles víctimas de la moda?

Cuando tenía 4 años, murió mi abuela. Mis padres, imagino que en su afán de no traumatizarnos a mis hermanos y a mí, nos dijeron que habían venido unos ángeles a llevársela. Eso habría dejado tranquilo a cualquier niño, ya que estos seres celestiales tienen fama de bondadosos y protectores del ser humano. Y de hecho funcionó con el resto de mi familia, pero yo no soy cualquier niño y me pasé los meses siguientes aterrorizada ante la idea de que un ángel pudiera venir y llevárseme a mí también, o peor aún, a mis padres y hermanos (esta idea me resultaba especialmente horrible en los días de tormenta). Si a esto añadimos que por aquel entonces iba a un colegio de monjas y mi clase estaba muy cerca de la capilla, podéis haceros la idea de que ese año no fue el mejor de mi vida.

Pero dejando fantasías infantiles a un lado, los ángeles han estado representados en el arte desde que el hombre es hombre (o, quizá mejor dicho, desde que dios es dios) y están presentes en las tres religiones del libro. Seguidores de las modas, heredaron sus alas la mitología griega y cambiaron sus vestimentas conforme a los gustos de cada época, desde el uniforme militar del principio (no olvidemos que son el ejército de dios) hasta las túnicas con que todos nosotros solemos imaginarlos.


Edward Burne-Jones, Un ángel tocando el fagot (detalle), c. 1878.
Témpera y pintura dorada sobre papel, 74,9 x 61,2 cm.
The National Museums and Galleries on Merseyside, Liverpool.



Carlo Saraceni, Santa Cecilia y el ángel, c.1610.
Óleo sobre lienzo, 172 x 139 cm.
Palazzo Barberini, Galleria Nazionale d’Arte Antica, Roma.


Estas criaturas divinas han traspasado a todas luces el campo de la religión y ahora las tenemos por todos lados: postales de San Valentín, imanes para la nevera, series anime, canciones, e incluso anuncios de desodorante o de queso crema, por no hablar de la adaptación que la subcultura gótica ha hecho de su imagen, mezclándola con la de sus compañeros caídos para crear un infierno realmente atractivo (si El Bosco levantara la cabeza).

The Israel Museum, Jerusalem hospeda actualmente una exposición sobre estos seres celestiales en la que podrás apreciar las diferentes estéticas según la época y la religión a la que se adscriben; se podrá visitar hasta el 3 de noviembre de este año. Pero si no tienes tiempo, también puedes llevarte a estos bondadosos —o terroríficos—seres a casa en forma de ebook.

Friday, July 27, 2012

Munch, ese que pintó El grito

Crees que sabes todo lo que hay que saber sobre Edvard Munch, ¿verdad? A tu juicio, era un solitario de alma atormentada, que pintaba escenas de trauma y desamparo y que se dejaba llevar por la angustia y la melancolía... ¿van por ahí los tiros? Pues la nueva exposición de la Tate Modern pone tu erudición sobre el noruego en entredicho y te invita a explorar las facetas más desconocidas de su personalidad a través del análisis de los temas que abordó en sus obras. Los de la Tate quieren que conozcamos más a un artista que era mucho más que «el tipo ese que pintó El grito» y nos enseñan, entre otras cosas, que su trabajo estuvo fuertemente influenciado por la deficiencia visual degenerativa que padecía y por su creciente interés por la fotografía.



Para la comunidad artística, la posibilidad de descubrir al hombre que se esconde tras el pintor y de conocer sus verdaderas motivaciones y las fuentes de inspiración de todas sus obras o de todos los periodos artísticos de su carrera constituye un sueño hecho realidad. Sin embargo, de algún modo, al completar el puzzle se pierde el halo de misterio que lo envuelve y se desvanece el carácter único y desgarrador de sus cuadros. Parece que conocer los detalles banales de la vida del artista requiere el sacrificio de su carácter legendario y del atractivo que emana el Munch torturado y ajeno al amor, ese que pintó sus obras maestras en un frenesí de contradicciones actuando como catarsis de sus traumas de juventud.





Edvard Munch, El grito, 1893.
Témpera y cera sobre cartón, 91 x 73,5 cm.
Nasjonalmuseet, Oslo.


La nueva mirada que los expertos han arrojado sobre Munch revela que conocía muy bien las técnicas y los efectos visuales que empleaba y que su principal motivación para retomar sus temas preferidos una y otra vez no era otra que su viabilidad comercial. Si es así, el tipo ese sabía jugar sus cartas... Tal vez, la Tate debería tomar ejemplo y ofrecernos a ti y a mí lo que queremos, es decir, al Munch abatido y desesperado que creemos conocer. Según tengo entendido, El grito no se vendió nada mal...



Tienes la oportunidad de visitar la exposición Edvard Munch: The Modern Eye en la Tate Modern hasta el 14 de octubre de 2012 y ver cómo se te cae un mito o llevarte a casa este eBook y disfrutar de la aflicción de Munch en su apogeo.