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Friday, August 23, 2013

Punk de pasarela

Aún no he conseguido formarme una opinión acerca de qué me parece que los museos de arte hayan abierto sus puertas al mundo de la moda. Quizá porque me parece un mundo básicamente frívolo, soy incapaz de poner al mismo nivel la alta costura y el gran arte. Una buena pintura resiste el paso del tiempo; un vestido no tiene mucho sentido si nadie se lo pone. Me dirán que hay muchos matices que atender y que me ciegan los prejuicios, pero siempre he pensado que cuanto más dedica uno a decorarse por fuera más vacío está por dentro.

No es extraño, por tanto, que me haya llamado la atención una de las exposiciones actuales del Metropolitan Museum de Nueva York. Y no porque haya montado una exposición sobre moda (lleva tiempo haciéndolo), sino porque la dedica nada menos que a la estética punk y al uso que han hecho de ella los diseñadores de más renombre. La verdad es que ya a bote pronto las palabras punk y museo parecen contradictorias. No voy a asumir aquí el papel del punk ofendido porque no soy un punk, si bien una parte de mi adolescencia estuvo marcada por pantalones vaqueros rotos y demás prendas anti-preciosistas como reacción contra la importancia excesiva que se le otorga en nuestra sociedad a la imagen exterior de las cosas. (Entonces no me daba cuenta de que mi imagen no dejaba de ser un estereotipo más.) Aunque ahora mis postulados estéticos no son tan radicales, sigo manteniendo en mente ese rechazo a dedicar grandes cantidades de dinero a la ropa, lo cual no es incompatible con que a uno le guste vestir bien.



No deja de ser curioso comprobar que lo que a finales de los años 70 surgió como un gran corte de manga al establishment fuera absorbido tan cómodamente por el “sistema” que intentaba destruir, hasta el punto de que la estética de pinchos, imperdibles y telas rasgadas haya pasado a formar parte no sólo de la moda para las masas sino de las pasarelas reservadas a una élite económica muy reducida. No hay por qué sorprenderse; es una historia bien conocida. También pasó con los hippies o Kurt Cobain.


La explosión primigenia del punk vino a ser un soplo de aire fresco en cuanto que cada uno apañaba su ropa como le venía en gana, al margen de resultados más o menos acertados. Pero si algo nos demuestra la evolución vertiginosa de la cultura pop es que la publicidad y la moda convierten todo asomo de genuina creatividad espontánea en productos plastificados fácilmente reproducibles. Nada más opuesto al espíritu D.I.Y. (Do-It-Yourself, literalmente Hazlo tú mismo) preconizado por el punk. Yo dejé de ponerme vaqueros rasgados cuando comprobé que las tiendas empezaban a vender ropa que venía rota de fábrica.


La moda siempre me ha interesado infinitamente menos que la música, con lo que el abandono de los vaqueros rotos no conllevó tirar a la basura mis discos de The Clash, Sex Pistols, The Damned, Dead Kennedys, etc., los cuales he seguido escuchando hasta hoy. Como pasa con el arte, la música perdura y la moda... pues eso, es moda. Que me disculpen los divos de la alta costura, pero su acercamiento al punk tiene un aire inevitable de superficialidad, como el niño que se entusiasma con un juguete nuevo y a los dos días se ha olvidado de él. Para un servidor, si uno busca algo parecido al arte en el punk lo mejor que puede hacer es deleitarse con los primeros álbumes de los Ramones o con Spiral Scratch de los Buzzcocks, el manifiesto D.I.Y. por excelencia.


La exposición Punk: Chaos to Couture se puede ver en el Metropolitan Museum of Art de Nueva York hasta el 14 de agosto. Y después, una lectura del libro Pop Art de Eric Shanes seguramente te ayude a entender por qué no hay nada a priori incompatible con la cultura de masas.

Monday, October 22, 2012

Impresionismo y la moda

Ahora que están tan de moda los blogs de estilismo y las egobloggers son las nuevas estrellas de la red, no está de más recordar que ellas no son las primeras ni las últimas en interesarse por la moda ni retratar el estilismo contemporáneo.

Haciendo un trabajo a medio camino entre los paparazzis y los cazadores de tendencias, los impresionistas, en su afán por retratar la vida urbana de la época, se convirtieron en pintores de la moda (que no de moda, la mayoría del público los denostaba). Desde los bailes de Renoir a las noches de ópera de Mary Cassat, podemos encontrar en sus cuadros a la gente «in» del París del Moulin Rouge y sus distintos modelitos de día y noche. ¿Os recuerda a algo?


Mary Cassatt, Lidia en el teatro, , c. 1879.
Pastel, 53,3 x 43,2 cm.
The Nelson-Atkins Museum of Art , Kansas City, Missouri.



Mary Cassatt, Mujer con collar de perlas en un palco, 1879.
Óleo sobre lienzo, 81,3 x 59,7 cm.
Philadelphia Museum of Art, Filadelfia


Y es que el ansia de retratar la vida cotidiana segundo a segundo nació mucho antes de que se inventaran los móviles con cámara (sí, esos que te bajas un programa y ya te crees que eres fotógrafo profesional). Visto el éxito y la estima en que ahora tenemos a estos reformadores de la pintura, ¿sería posible que en un par de siglos que viene se expusieran en los museos esas fotos que tanto nos molestan ahora en las redes sociales? (desde aquí quiero hacer un llamamiento: sí, es posible comer sin hacerle una foto al plato, ¡no todo el mundo quiere ver el aspecto de tu comida por más que el restaurante tenga estrellas Michelín! Fotos gastronómicas en revistas gastronómicas. Gracias.) Por nuestro bien, espero que no y que recuperemos el sentido común en algún momento.


Pierre August Renoir, Baile en el Moulin de la Galette, 1876.
Óleo sobre lienzo, 131 x 175 cm.
Musée d’Orsay, París.


Si te interesan estos «pioneros» del papel couché, o la vida y moda del París del XIX, acércate a «L’impressionisme et la mode», en el Musée d’Orsay del 25 de septiembre de 2012 al 20 de enero de 2013 o, si prefieres disfrutar a tu aire del encanto y la elegancia del siglo XIX, llévate a casa el estudio de Nathalia Brodskaya sobre el Impresionismo en forma de ebook.

Wednesday, August 15, 2012

¿Son los ángeles víctimas de la moda?

Cuando tenía 4 años, murió mi abuela. Mis padres, imagino que en su afán de no traumatizarnos a mis hermanos y a mí, nos dijeron que habían venido unos ángeles a llevársela. Eso habría dejado tranquilo a cualquier niño, ya que estos seres celestiales tienen fama de bondadosos y protectores del ser humano. Y de hecho funcionó con el resto de mi familia, pero yo no soy cualquier niño y me pasé los meses siguientes aterrorizada ante la idea de que un ángel pudiera venir y llevárseme a mí también, o peor aún, a mis padres y hermanos (esta idea me resultaba especialmente horrible en los días de tormenta). Si a esto añadimos que por aquel entonces iba a un colegio de monjas y mi clase estaba muy cerca de la capilla, podéis haceros la idea de que ese año no fue el mejor de mi vida.

Pero dejando fantasías infantiles a un lado, los ángeles han estado representados en el arte desde que el hombre es hombre (o, quizá mejor dicho, desde que dios es dios) y están presentes en las tres religiones del libro. Seguidores de las modas, heredaron sus alas la mitología griega y cambiaron sus vestimentas conforme a los gustos de cada época, desde el uniforme militar del principio (no olvidemos que son el ejército de dios) hasta las túnicas con que todos nosotros solemos imaginarlos.


Edward Burne-Jones, Un ángel tocando el fagot (detalle), c. 1878.
Témpera y pintura dorada sobre papel, 74,9 x 61,2 cm.
The National Museums and Galleries on Merseyside, Liverpool.



Carlo Saraceni, Santa Cecilia y el ángel, c.1610.
Óleo sobre lienzo, 172 x 139 cm.
Palazzo Barberini, Galleria Nazionale d’Arte Antica, Roma.


Estas criaturas divinas han traspasado a todas luces el campo de la religión y ahora las tenemos por todos lados: postales de San Valentín, imanes para la nevera, series anime, canciones, e incluso anuncios de desodorante o de queso crema, por no hablar de la adaptación que la subcultura gótica ha hecho de su imagen, mezclándola con la de sus compañeros caídos para crear un infierno realmente atractivo (si El Bosco levantara la cabeza).

The Israel Museum, Jerusalem hospeda actualmente una exposición sobre estos seres celestiales en la que podrás apreciar las diferentes estéticas según la época y la religión a la que se adscriben; se podrá visitar hasta el 3 de noviembre de este año. Pero si no tienes tiempo, también puedes llevarte a estos bondadosos —o terroríficos—seres a casa en forma de ebook.

Tuesday, July 31, 2012

Libertadamente Gaultier

Todos hemos oído alguna vez ese apelativo un tanto raído de «L’enfant terrible de la moda» que se utiliza con frecuencia para calificar a un sinnúmero de modelos y diseñadores —mujeres ellas, hombres ellos, salvo la honrosa excepción de Vivienne Westwood—, especialmente a los segundos. La frasecilla no atiende al decoro y habla sin acatamiento del réprobo John Galliano, del atribulado Alexander McQueen, del guipuzcoano Ion Fiz, del talentoso Esteban Cortázar, de mi paisano David Delfín, de Christian «L’enfant-Roi» Deslauriers, del renovador Marc Jacobs o, cómo no, del francés Jean Paul Gaultier.

Precisamente a este último le ha dedicado una exposición el de Young de San Francisco. «The Fashion World of Jean Paul Gaultier: From The Sidewalk to the Catwalk» estará abierta al público hasta el próximo 24 de agosto para desvelar algunos aspectos claves del ceremonial del diseñador. En mi opinión, pese a que el propio Gaultier define su marca como «alta costura para la calle», la coletilla del título de la exposición puede inducir a engaño; ya que «de la acera a la pasarela» sugiere unos orígenes más similares a los de la tenaz Edith Piaf que a los relativamente cómodos de Gaultier como alumno de Pierre Cardin. No obstante, la gloria de ambos sí que es comparable.

Jean Paul Gaultier es, sin duda, el legítimo «enfant terrible», porque decora las formas femeninas como si jugara con muñecas y se divierte enormemente al hacerlo. Para muestra, basta ver alguno de los vídeos promocionales de los nuevos diseños para ese refresco bajo en calorías universal, cuyos botellines ha vestido como si fueran mujeres. Bajo sus cuerdas, el cuerpo femenino se convierte en un lienzo sobre el que pinta la belleza en todas sus formas. Los motivos de las botellas son sus diseños fetiches: las rayas bretonas, los tatuajes y los corsés.

Precisamente, con esta última prenda de vestir, el diseñador halló el contrapunto entre la opresión y la libertad. En su colección Dada de 1983, desafió el carácter tradicional del corsé como ropa interior. El famoso corsé que diseñó para la «ambición rubia» en 1990 se convirtió en un verdadero símbolo de la irreverencia y la seducción de una feminidad exacerbada. Las figuras encorsetadas de Gaultier dan un paso más hacia la emancipación estética; son mujeres fuertes y seguras de sí mismas que se sienten cómodas en su propia piel.

Ya lo sabes, si te apasiona el estilo, la lencería, el cine, la libertad, las transparencias y todo aquello que aviva los sentidos, no te pierdas el espectáculo que se ha montado en torno al couturier-niño en San Francisco. Si, además, consideras que, al igual que un buen corsé, unos buenos zapatos de tacón embellecen las piernas, mejoran la postura y hacen que las mujeres se sientan poderosas y estilizadas, no dudes en hacerte con un ejemplar de Zapatos (o, por qué no, con un par).


Zapatos de tacón con cristales Swarovski diseñados por Salvatore Ferragamo para que Marilyn Monroe los utilizara en la película Let’s Make Love, dirigida por George Cukor en 1960.
Museo Salvatore Ferragamo, Florencia.