Recientemente, la NationalGallery de Londres dedicaba una exposición, Seducedby art: Photographypast&present,
Showing posts with label fotografía. Show all posts
Showing posts with label fotografía. Show all posts
Wednesday, June 5, 2013
Arte fotos
La fotografía parece un arte reservado a la revista NationalGeographic o al concurso internacional más importante del mundo, el WorldPressPhoto. Sin embargo, hay muchos fotógrafos que han explorado las múltiples posibilidades de este invento relativamente moderno en relación con la pintura clásica. Desde comienzos del siglo XIX, cuando Daguerre inventó el daguerrotipo, algunos fotógrafos emplearon las tradiciones del arte pictórico, incluyendo a los grandes maestros, para explorar y justificar su arte.
Recientemente, la NationalGallery de Londres dedicaba una exposición, Seducedby art: Photographypast&present,
Recientemente, la NationalGallery de Londres dedicaba una exposición, Seducedby art: Photographypast&present,
Tuesday, October 9, 2012
Entre naturalismo e impresionismo: Caillebotte
Debo admitir que cuando, hace no mucho, mi jefe me nombró a Caillebotte, no sabía de quién me estaba hablando, mucho menos su nacionalidad o el movimiento estético al que pertenecía (y no digamos cómo escribirlo). Pero Google existe por una razón, así que hice una búsqueda y me quedé sorprendida al ver que, aunque no conocía el nombre del artista, las imágenes me eran muy familiares. Y es que con Caillebotte pasa como con las canciones clásicas, que todo el mundo las conoce pero poca gente es capaz de decir el intérprete/autor.
Este acaudalado impresionista tuvo parte de culpa del éxito de sus compañeros y luego cayó en el olvido (¿quizá por su toque naturalista?). Y digo que tuvo culpa porque se convirtió en su mecenas, además de amigo y colaborador, y no contento con eso, a su muerte donó su colección al Estado.

Calle de París, día lluvioso, 1877.
Óleo sobre lienzo, 212,2 x 276,2 cm.
Art Institute, Chicago.
Es precisamente esta mezcla de impresionismo y naturalismo lo que, a mi parecer, lo hace interesante y le da ese aspecto de fotografía a sus obras. Eso, además de los temas elegidos, claro, ya que como buen impresionista se dedicó a retratar el París urbano, pero lo hizo con un aire más del siglo XX que del XIX (hay quien afirma que le recuerda a Hopper, y no me parece una comparación desacertada).
La exposición «Gustave Caillebotte. An Impressionist and Photography» del Schirn Kunsthalle de Fráncfort del Meno hace especial hincapié en este aspecto fotográfico; tanto que expone, junto a las obras de Caillebotte, fotografías de finales del siglo XIX y principios del XX. Si tienes un rato, puedes acercarte y maravillarte con la obra de este no tan conocido pintor. O si lo prefieres, puedes hacerte con este libro de Nathalia Brodskaya.
Este acaudalado impresionista tuvo parte de culpa del éxito de sus compañeros y luego cayó en el olvido (¿quizá por su toque naturalista?). Y digo que tuvo culpa porque se convirtió en su mecenas, además de amigo y colaborador, y no contento con eso, a su muerte donó su colección al Estado.
Calle de París, día lluvioso, 1877.
Óleo sobre lienzo, 212,2 x 276,2 cm.
Art Institute, Chicago.
Es precisamente esta mezcla de impresionismo y naturalismo lo que, a mi parecer, lo hace interesante y le da ese aspecto de fotografía a sus obras. Eso, además de los temas elegidos, claro, ya que como buen impresionista se dedicó a retratar el París urbano, pero lo hizo con un aire más del siglo XX que del XIX (hay quien afirma que le recuerda a Hopper, y no me parece una comparación desacertada).
La exposición «Gustave Caillebotte. An Impressionist and Photography» del Schirn Kunsthalle de Fráncfort del Meno hace especial hincapié en este aspecto fotográfico; tanto que expone, junto a las obras de Caillebotte, fotografías de finales del siglo XIX y principios del XX. Si tienes un rato, puedes acercarte y maravillarte con la obra de este no tan conocido pintor. O si lo prefieres, puedes hacerte con este libro de Nathalia Brodskaya.
Friday, September 14, 2012
Gustave Caillebotte : tra pittura e fotografia.
Nato nel 1848 e pittore del movimento impressionista, Gustave Caillebotte era anche risconociuto come mecenate (dato da un notevole patrimonio lasciato dal suo padre) e generoso benefattore per i suoi amici pittori, Monet, Degas, Renoir e Pissaro, acquistando le loro opere.
Appassionato di fotografia, lo stile di Caillebotte è tanto più realista che quello dei suoi amici impressionisti. Si potrebbe dire che ha anticipato la perspettiva fotografica, rappresentando, delle scene della vita quotidiana, delle persone, in sospensione nel tempo, in un momento d’istantaneità, usando un colore chiaro e una luce quasi vera. Era importante il legame con la tradizione realistica.
Caillebotte rappresenta dal suo punto di vista il nuovo Parigi, quello moderno, ristrutturato da Haussmann, con i grandi “boulevards”, i parchi, insomma un’altra società. Insista sul fatto che le due categorie sociali : la classe borghese e quella operaia possono frequentare i stessi quartieri, pero mescolarsi rimane un’altro problema.
Si possono osservare nell’opera seguente i borghesi da un lato, i lavoratori che guardano verso il mondo industriale dall’altro. Se pensiamo bene, il punto di vista di Caillebotte era futurista. Le cose non sono combiate tanto oggi. La sua opera è originale nel senso che ne risulta una noia e una solitudine estrema dei personaggi.

Gustave Caillebotte, Il ponte dell’Europa, 1876,
Olio su tela, 125 x 181 cm.
Musée du petit Palais, Genève.
L’analisi della classe sociale fa parte dello stile di Caillebotte. Mostra la sua visione degli uomini.
La sua prima opera, I piallatori di parquet è stata un’elemento choc. Il soggetto (operai lavorando in un appartamento borghese) è stato considerato come provocazione ed è stato rifiutato al salone du 1875. La realtà non si voleva accettare. Almeno si doveva rappresentare.

Gustave Caillebotte, I piallatori di parquet, 1875,
Olio su tela, 102 x 146,5 cm.
Musée d’Orsay, Paris.
Se vi piaciono, la pittura impressionista, la fotografia, la realtà di quello che fu il Parigi moderno della fine del XIXe e dell’inizio del XXe secolo, vi do tutti appuntamento in Germania, al Schirn Kunsthalle di Frankfurt dal 18 ottobre 2012 al 20 Gennaio 2013 per la mostra Gustave Caillebotte.
Appassionato di fotografia, lo stile di Caillebotte è tanto più realista che quello dei suoi amici impressionisti. Si potrebbe dire che ha anticipato la perspettiva fotografica, rappresentando, delle scene della vita quotidiana, delle persone, in sospensione nel tempo, in un momento d’istantaneità, usando un colore chiaro e una luce quasi vera. Era importante il legame con la tradizione realistica.
Caillebotte rappresenta dal suo punto di vista il nuovo Parigi, quello moderno, ristrutturato da Haussmann, con i grandi “boulevards”, i parchi, insomma un’altra società. Insista sul fatto che le due categorie sociali : la classe borghese e quella operaia possono frequentare i stessi quartieri, pero mescolarsi rimane un’altro problema.
Si possono osservare nell’opera seguente i borghesi da un lato, i lavoratori che guardano verso il mondo industriale dall’altro. Se pensiamo bene, il punto di vista di Caillebotte era futurista. Le cose non sono combiate tanto oggi. La sua opera è originale nel senso che ne risulta una noia e una solitudine estrema dei personaggi.
Gustave Caillebotte, Il ponte dell’Europa, 1876,
Olio su tela, 125 x 181 cm.
Musée du petit Palais, Genève.
L’analisi della classe sociale fa parte dello stile di Caillebotte. Mostra la sua visione degli uomini.
La sua prima opera, I piallatori di parquet è stata un’elemento choc. Il soggetto (operai lavorando in un appartamento borghese) è stato considerato come provocazione ed è stato rifiutato al salone du 1875. La realtà non si voleva accettare. Almeno si doveva rappresentare.
Gustave Caillebotte, I piallatori di parquet, 1875,
Olio su tela, 102 x 146,5 cm.
Musée d’Orsay, Paris.
Se vi piaciono, la pittura impressionista, la fotografia, la realtà di quello che fu il Parigi moderno della fine del XIXe e dell’inizio del XXe secolo, vi do tutti appuntamento in Germania, al Schirn Kunsthalle di Frankfurt dal 18 ottobre 2012 al 20 Gennaio 2013 per la mostra Gustave Caillebotte.
Tuesday, September 11, 2012
Caillebotte, un impresionista con calidad fotográfica
Gustave Caillebotte falleció demasiado joven. Su vida transcurrió entre 1848 y 1894, en esa convulsa época de transformaciones, conflictos y replanteamientos que fue el siglo XIX. Estudió derecho, pero rechazó su formación como jurista para dedicarse a retratar la vida moderna francesa y a pintar sensaciones junto a los pioneros del arte impresionista. La herencia que recibió tras el fallecimiento de su padre le permitió convertirse en el gran mecenas de Degas, Manet, Renoir, Monet, Pissarro, Cézanne y Sisley, entre otros, cuyas obras legó al Estado francés. Como muchos de sus amigos impresionistas, abandonó la despiadada ciudad para retirarse al barrio de Petit Gennevilliers, a orillas del Sena, donde cultivó un bello jardín, se refugió en la naturaleza y practicó el remo con pasión.
De algún modo, su labor de mecenazgo ensombreció su propia carrera artística. Tal como afirma el personaje más pedante y estirado de la película Midnight in Paris, la declaración de amor de Woody Allen a la ciudad de la luz, es posible que Caillebotte sea el impresionista más subestimado de todos. Quizá la más conocida de sus obras sea Los acuchilladores de parqué, que formaba parte de la colección que el gobierno de Francia rehusó aceptar durante los tres largos años que duró la «affaire Caillebotte». Este cuadro también había sido rechazado por el jurado del Salón de 1875, ya que fue una de las primeras representaciones artísticas del proletariado, un tema a todas luces «vulgar».

Gustave Caillebotte, Los acuchilladores de parqué, 1875.
Óleo sobre lienzo, 102 x 146,5 cm.
Musée d’Orsay, París.
La alineación de las tablas del parqué y el torso desnudo de los trabajadores son reveladores de su formación académica junto a Léon Bonnat, pero la elección del tema es radical y sigue la línea de los maestros realistas Millet y Courbet. No obstante, las pinturas de Caillebotte no articulan un discurso social, moralizador ni político como los obreros del campo y los campesinos de los anteriores; más bien al contrario, recrean una atmósfera de serenidad, una especie de descanso vital en medio de la agitación. Por otro lado, Caillebotte seleccionaba perspectivas arriesgadas y extrañas y sus encuadres no delimitaban escenas completas. Para la Schirn de Fráncfort del Meno este uso audaz de las técnicas de representación de la profundidad convierte a Caillebotte en un pionero del uso de los medios fotográficos que se pusieron en práctica en los años veinte y así nos lo presenta en la exposición «Gustave Caillebotte. Ein Impressionist und die Fotografie» (Gustave Caillebotte. Un impresionista y la fotografía) que se inaugurará el próximo 18 de octubre y estará abierta hasta el 20 de enero del próximo año.
La muestra incluye cincuenta cuadros y dibujos de Caillebotte y los compara con las instantáneas de fotógrafos contemporáneos y de los genios que revolucionaron el mundo de la fotografía y desecharon los convencionalismos, como André Kertész, László Moholy-Nagy, Alexander Rodchenko y Wols. Esta es precisamente la faceta más rompedora de Caillebotte: su significativa relación con la formación de nuevas visiones. Sus obras no sólo son un registro de lo que vieron sus ojos, sino que enseñan al espectador a mirar con ellos.
Henri Cartier-Bresson, el padre del periodismo fotográfico moderno, afirmó que «sacamos fotos de cosas en constante proceso de desaparición, y una vez que han desaparecido, no hay forma humana de hacerlas volver». Y así es, las fotografías, como los cuadros, nos permiten acceder a realidades que ya no existen, a fragmentos de la realidad que nunca volverán, a las vidas de quienes veían y quienes fueron vistos. Quien tenga alma de burgués parisino decimonónico y espere que tres hombres descamisados vengan a acuchillarle el parqué, puede esperar sentado... o puede hacerse con un ejemplar de este libro de Nathalia Brodskaya para regodearse en la vida moderna del siglo XIX a través de los ojos de los grandes impresionistas.
De algún modo, su labor de mecenazgo ensombreció su propia carrera artística. Tal como afirma el personaje más pedante y estirado de la película Midnight in Paris, la declaración de amor de Woody Allen a la ciudad de la luz, es posible que Caillebotte sea el impresionista más subestimado de todos. Quizá la más conocida de sus obras sea Los acuchilladores de parqué, que formaba parte de la colección que el gobierno de Francia rehusó aceptar durante los tres largos años que duró la «affaire Caillebotte». Este cuadro también había sido rechazado por el jurado del Salón de 1875, ya que fue una de las primeras representaciones artísticas del proletariado, un tema a todas luces «vulgar».
Gustave Caillebotte, Los acuchilladores de parqué, 1875.
Óleo sobre lienzo, 102 x 146,5 cm.
Musée d’Orsay, París.
La alineación de las tablas del parqué y el torso desnudo de los trabajadores son reveladores de su formación académica junto a Léon Bonnat, pero la elección del tema es radical y sigue la línea de los maestros realistas Millet y Courbet. No obstante, las pinturas de Caillebotte no articulan un discurso social, moralizador ni político como los obreros del campo y los campesinos de los anteriores; más bien al contrario, recrean una atmósfera de serenidad, una especie de descanso vital en medio de la agitación. Por otro lado, Caillebotte seleccionaba perspectivas arriesgadas y extrañas y sus encuadres no delimitaban escenas completas. Para la Schirn de Fráncfort del Meno este uso audaz de las técnicas de representación de la profundidad convierte a Caillebotte en un pionero del uso de los medios fotográficos que se pusieron en práctica en los años veinte y así nos lo presenta en la exposición «Gustave Caillebotte. Ein Impressionist und die Fotografie» (Gustave Caillebotte. Un impresionista y la fotografía) que se inaugurará el próximo 18 de octubre y estará abierta hasta el 20 de enero del próximo año.
La muestra incluye cincuenta cuadros y dibujos de Caillebotte y los compara con las instantáneas de fotógrafos contemporáneos y de los genios que revolucionaron el mundo de la fotografía y desecharon los convencionalismos, como André Kertész, László Moholy-Nagy, Alexander Rodchenko y Wols. Esta es precisamente la faceta más rompedora de Caillebotte: su significativa relación con la formación de nuevas visiones. Sus obras no sólo son un registro de lo que vieron sus ojos, sino que enseñan al espectador a mirar con ellos.
Henri Cartier-Bresson, el padre del periodismo fotográfico moderno, afirmó que «sacamos fotos de cosas en constante proceso de desaparición, y una vez que han desaparecido, no hay forma humana de hacerlas volver». Y así es, las fotografías, como los cuadros, nos permiten acceder a realidades que ya no existen, a fragmentos de la realidad que nunca volverán, a las vidas de quienes veían y quienes fueron vistos. Quien tenga alma de burgués parisino decimonónico y espere que tres hombres descamisados vengan a acuchillarle el parqué, puede esperar sentado... o puede hacerse con un ejemplar de este libro de Nathalia Brodskaya para regodearse en la vida moderna del siglo XIX a través de los ojos de los grandes impresionistas.
Labels:
acuchilladores,
Art Exhibition,
arte,
artista,
Caillebotte,
E. a. Santos,
Español,
exposición,
fotografía,
Fráncfort,
Francia,
Impresionismo,
impresionistas,
Nathalia Brodskaya,
perspectiva,
Schirn,
siglo XIX
Monday, July 2, 2012
Tiempos de pasión y la pasión de aquellos tiempos
Hasta el 12 de agosto el Nationalmuseum de Estocolmo acoge «Passions – Five Centuries of Art and the Emotions», una exposición dedicada a las emociones humanas y a su lectura por parte de diversos artistas desde el siglo XVI hasta la actualidad.
La muestra abrió sus puertas el pasado 28 de marzo, en plenas vísperas de la Semana Santa, y eso nos lleva a pensar directamente en la Pasión por antonomasia, la que padeció Jesucristo para redimir a la humanidad. ¡Y cuánto juego ha dado su sufrimiento desde entonces! Artistas de todas procedencias, adscripciones y confesiones han tratado de imaginar el semblante del Hijo de Dios y darle forma. Profunda tristeza, exaltación, ira, temor, perturbación, traición, gozo, desconsuelo, dignidad, dolor, abatimiento, pesar, muerte... ¿Cómo se reflejan todos estos factores en nuestra fisionomía? ¿Se pueden estandarizar las manifestaciones somáticas de la «ira sosegada», del «goce de estar triste» o del «dulce tormento»? ¡Qué tema tan apasionante la pasión!
Y es que, lejos de su significación etimológica, lo que despierta pasiones en la actualidad no son tanto los tormentos como nuestras inclinaciones y afectos. Así, nos apasionamos por el fútbol, por las causas justas, por la política, por la lexicografía, por los bailes de salón, por el vino, por el arte. ¿Y acaso hay algo más pasional que el amor? Ahora bien, ¿cómo se representa un rostro enamorado? ¿Con un emoticono de mirada perdida y corazones que se desvanecen en el aire? El amor parte de la propia insuficiencia, por lo que solo se puede retratar en contexto. Se refleja en un cruce de miradas, en un encuentro, en un gesto... en un beso.

Francesco Hayez, El beso, 1859.
Óleo sobre lienzo, 110 x 88 cm.
Pinacoteca di Brera, Milán.
Los besos apasionados son el resultado de un impulso amoroso y el final indispensable de cualquier superproducción de Hollywood que se precie o de una telenovela que cause sensación. Pero aparte de alguna que otra muestra de chabacanería y sentimentalismo, el buen cine, la fotografía, la literatura, la escultura y la pintura nos han dejado ejemplos de besos inolvidables, como el de Holly y Paul en Desayuno con diamantes, el famoso beso robado del marine a la enfermera en Times Square, el «legítimo beso» de Romeo a la yaciente Julieta, El eterno ídolo (1889) de Rodin, Psiqué reanimada por el beso del Amor (1787-1793) de Canova o las representaciones de los jóvenes y trágicos amantes Francesca da Rimini y Paolo Malatesta. El beso de Hayez que ilustra estas letras nos convierte en testigos impertinentes de un beso clandestino, tierno, hermoso, deseado, lleno de nostalgia y melancolía y apasionadamente intenso. Todos estos besos, plagados de matices, algunos tiernos y otros envenenados, sujetos a mil y una interpretaciones, nos estremecen y encienden en nosotros una pasión que puede ser feliz, arrebatadora, triste o desconsolada, pero en ningún caso indiferente.
Pon en práctica tus dotes de intérprete de emociones y no te pierdas la exposición en Estocolmo o conmueve tu pasión con las arrebatadoras ilustraciones del amor de Love. Y si has progresado tanto en el amor que ya no te alcanza el mundo para otra cosa, como escribió García Márquez, continúa deleitándote en las artes amatorias con Desnudos, Fotografía erótica y Dibujos eróticos.
La muestra abrió sus puertas el pasado 28 de marzo, en plenas vísperas de la Semana Santa, y eso nos lleva a pensar directamente en la Pasión por antonomasia, la que padeció Jesucristo para redimir a la humanidad. ¡Y cuánto juego ha dado su sufrimiento desde entonces! Artistas de todas procedencias, adscripciones y confesiones han tratado de imaginar el semblante del Hijo de Dios y darle forma. Profunda tristeza, exaltación, ira, temor, perturbación, traición, gozo, desconsuelo, dignidad, dolor, abatimiento, pesar, muerte... ¿Cómo se reflejan todos estos factores en nuestra fisionomía? ¿Se pueden estandarizar las manifestaciones somáticas de la «ira sosegada», del «goce de estar triste» o del «dulce tormento»? ¡Qué tema tan apasionante la pasión!
Y es que, lejos de su significación etimológica, lo que despierta pasiones en la actualidad no son tanto los tormentos como nuestras inclinaciones y afectos. Así, nos apasionamos por el fútbol, por las causas justas, por la política, por la lexicografía, por los bailes de salón, por el vino, por el arte. ¿Y acaso hay algo más pasional que el amor? Ahora bien, ¿cómo se representa un rostro enamorado? ¿Con un emoticono de mirada perdida y corazones que se desvanecen en el aire? El amor parte de la propia insuficiencia, por lo que solo se puede retratar en contexto. Se refleja en un cruce de miradas, en un encuentro, en un gesto... en un beso.
Francesco Hayez, El beso, 1859.
Óleo sobre lienzo, 110 x 88 cm.
Pinacoteca di Brera, Milán.
Los besos apasionados son el resultado de un impulso amoroso y el final indispensable de cualquier superproducción de Hollywood que se precie o de una telenovela que cause sensación. Pero aparte de alguna que otra muestra de chabacanería y sentimentalismo, el buen cine, la fotografía, la literatura, la escultura y la pintura nos han dejado ejemplos de besos inolvidables, como el de Holly y Paul en Desayuno con diamantes, el famoso beso robado del marine a la enfermera en Times Square, el «legítimo beso» de Romeo a la yaciente Julieta, El eterno ídolo (1889) de Rodin, Psiqué reanimada por el beso del Amor (1787-1793) de Canova o las representaciones de los jóvenes y trágicos amantes Francesca da Rimini y Paolo Malatesta. El beso de Hayez que ilustra estas letras nos convierte en testigos impertinentes de un beso clandestino, tierno, hermoso, deseado, lleno de nostalgia y melancolía y apasionadamente intenso. Todos estos besos, plagados de matices, algunos tiernos y otros envenenados, sujetos a mil y una interpretaciones, nos estremecen y encienden en nosotros una pasión que puede ser feliz, arrebatadora, triste o desconsolada, pero en ningún caso indiferente.
Pon en práctica tus dotes de intérprete de emociones y no te pierdas la exposición en Estocolmo o conmueve tu pasión con las arrebatadoras ilustraciones del amor de Love. Y si has progresado tanto en el amor que ya no te alcanza el mundo para otra cosa, como escribió García Márquez, continúa deleitándote en las artes amatorias con Desnudos, Fotografía erótica y Dibujos eróticos.
Subscribe to:
Posts (Atom)