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Tuesday, April 16, 2013

El pequeño gran país

Cualquier oportunidad es buena para ir a Escocia. Cuando estuve viviendo allí recuerdo que el eslogan del momento decía que era el mejor país pequeño del mundo. Sinceramente, esto de los eslóganes de las ciudades, regiones o países siempre me ha parecido divertido, sobre todo por la capacidad inventiva de los publicistas para promocionar ciertos lugares con las frases más exageradas. Ahora mismo se me vienen a la cabeza dos de mis favoritos: «Cantabria infinita» y «Castilla y León, cada día un fin de semana». ¿Cómo vamos a dejar de ir a dos lugares así? Combinados, digo yo, sería algo así como el paraíso, ¿no? ―que no se asuste Corocotta que de momento los castellanos se conforman con ser un puerto seco―. Pero volvamos a Escocia. Su eslogan, que conste, no fue inventado por una agencia de publicidad, sino por el anterior Primer Ministro, y es que el país al norte del muro de Adriano es de sobra conocido por su capacidad inventiva. Basta solo pasar una tarde en el pub para que le crezca el orgullo patrio a algún «local» y nos haga una extensa lista de todas aquellas cosas que han inventado a lo largo de la historia. En todos los campos imaginables. Aunque a medida que se vaya calentando la tarde, y las tardes en Escocia solo se calientan de una manera, es muy probable que intente convencernos de que incluso el McDonald’s, la música rock ―los antepasados de Elvis eran de Caledonia (?)―, o hasta el mundo moderno, gracias a la hipótesis de Arthur Herman, son de origen escocés. Algunos defienden, y aquí es donde entra en juego la tesis de Herman, que las causas de todas estas invenciones son el período de la Ilustración que se desarrolló en el siglo XVIII, o el hecho de que fuera el primer país en diseñar un sistema de educación pública general allá por el siglo XV. Yo, por mi parte, siempre he pensado que, aparte de todos estos elementos que seguramente tendrán algo que ver, lo más probable es que si tienes que quedarte en casa todo el año debido al frío que hace lo lógico es que acabes inventando algo, aunque solo sea para distraerte. Y más teniendo en cuenta que por aquel entonces no había televisión.

 

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Joseph Mallord William Turner, Loch Coruisk, Skye, 1831. Acuarela sobre papel, 8,9 x 14,3 cm. The National Gallery of Scotland, Edimburgo.

 

Pero no todo en la vida son inventos y adaptaciones de otros inventos. Escocia está plagada de muchos otros atractivos que no hace falta que me ponga a detallar, ya que ellos solos saben hacerse la publicidad muy bien. Pocos países han conseguido convencer a tanta gente de poseer una cultura ancestral basada en inventos modernos. Y si no os lo creéis investigad sobre los orígenes de la gaita o de la falda. Aquí me veo en la obligación de hacer un inciso y retirar lo que acabo de decir, pues si esto lo leyera por casualidad algún escocés lo más probable es que me tirara al suelo de un barrigazo por llamarle falda a su atuendo nacional, el kilt. Dicho queda. ¿Y qué me decís del monstruo del Lago Ness? Una obra maestra, eso es lo que pienso yo.

Lo que ciertamente es innegable es la historia literaria que atesoran y que ha hecho pasar grandes momentos a generaciones de lectores de todos los países del mundo. Scott, Doyle o Stevenson son solo algunos de los nombres que pueblan en la historia de los grandes escritores y que a mí personalmente más me han hecho disfrutar. Todos ellos encontraron su inspiración en esa ciudad encantada que es Edimburgo y que da hogar a tantas fantasías y leyendas. Y aquí es donde llego al objetivo de esta entrada, pues en Edimburgo es donde hace poco se celebró el premio BP al mejor retrato del año 2012, que obtuvo Aleah Chapin por su obra Auntie. La exposición, BP Portrait Award 2012, tuvo lugar en el magnífico edificio de la Scottish National Portrait Gallery y contó con la presencia de cincuenta y cinco trabajos que se seleccionaron de entre más de 2000 propuestas internacionales. Como curiosidad diremos que el segundo premio se lo llevó el español  Ignacio Estudillo por su obra El abuelo.

 

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Aleah Chapin, Auntie, 2012.
Óleo sobre lienzo, 147,32 x 96,52 cm.

 

Así que no perdáis la oportunidad de acudir a esta encantadora ciudad, en todos sus sentidos, y presentaros en la Portrait Gallery aunque ya haya pasado la exposición, porque ya habéis visto la cantidad de emociones que la visita os puede deparar. Para profundizar sobre el sujeto de los retratos en Parkstone tenemos el libro de Victoria Charles y Klaus H. Carl, 1000 Portraits of Genius (en inglés), que os puede ayudar a conocer la historia de este arte. 

Tuesday, September 4, 2012

De los fiordos a Mallorca: un viaje por el mundo interior de los simbolistas europeos

Un cielo es un cielo. Nadie lo pone en duda. Ahora bien, ¿qué es un cielo teñido de rojos, violetas y anaranjados? Puede ser el firmamento de aquella tarde junto al mar que ponía fin a un inolvidable verano; el del alba, para el guarda que termina el turno de noche y vuelve a casa; el que proyecta una nueva erupción del Vesubio que traerá consigo el fin del mundo; las reminiscencias de un fuego lejano que consume esperanzas y vidas... ¿Y si es de color verde?, ¿y si lo moldeamos con los dedos?, ¿y si parece derretirse y fundirse con el mar?, ¿y si es pardusco y atemporal?, ¿y si está desenfocado?, ¿y si está surcado de espirales y remolinos, como el de Noche estrellada de Vincent van Gogh? Por mucho que un cielo no sea más que un cielo, puede inspirar en nosotros las más profundas emociones y hacernos reflexionar sobre temas universales como el ambiente opresivo de la ciudad, la muerte o el destino.


Vincent van Gogh, Noche estrellada, 1889.
Óleo sobre lienzo, 73,7 x 92,1 cm.
Museum of Modern Art, Nueva York.


Esto bien lo sabían los pintores europeos cuyas obras acoge una de las más recientes exposiciones de la National Gallery of Scotland. Se trata de pintores que califica de simbolistas, herederos de los preceptos del impresionismo, que sometieron la realidad a su voluntad. El poeta Mallarmé instó a los simbolistas a que no se limitaran a pintar lo que veían sino los efectos que aquellos objetos producían en ellos.

La corriente artística del simbolismo surgió a finales del siglo XIX, entre los años 1880 y 1910, en una época en la que los avances científicos ponían en tela de juicio la supremacía del hombre sobre el mundo natural y en la que el progreso tecnológico empezaba a crear un sentimiento de preocupación por las consecuencias del materialismo. En ese contexto, los simbolistas retomaron el idealismo romántico de William Blake, Caspar David Friedrich y J. M. W. Turner y lo aplicaron a las realidades tangibles y efímeras retratadas por los impresionistas. Su objetivo era expresar su individualismo, su mundo interior, y traducir realidades universales a un lenguaje de tristeza, amor, angustia, anhelo...; en otras palabras, pintaban «paisajes del alma» que hablaban del hombre, de la sociedad, del infinito.

La muestra incluye a algunos de los principales artistas vanguardistas, como van Gogh, Gauguin, Munch, y Mondrian, y a un considerable número de pintores no tan conocidos. En el fondo, el concepto de simbolismo resulta tan vago que es difícil determinar quiénes entran claramente en el saco y quiénes deberían quedarse fuera.

 

Sea como fuere, la exposición es un verdadero desfile de paisajes radicales y extremadamente evocativos, que permiten recorrer Europa a golpe de sentimientos. Estará abierta hasta el 14 de octubre, así que aún tienes algo de tiempo para estudiar la obra de van Gogh en casa y decidir si sus cielos son lo bastante sugerentes para ti.