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Monday, September 10, 2012

Serov, el impresionista revolucionario

Últimamente hemos oído mucho el nombre de Serov, refiriéndose desde al ciclista olímpico a la pequeña ciudad rusa de la que desapareció un avión el mes pasado. También de Rusia, con el caso de las Pussy Riot y su presidente dedicándose a liderar una bandada de cigüeñas. Pero el Serov que nos interesa, ruso, como se puede deducir del nombre, vivió a caballo entre los siglos XIX y XX.

Valentín Serov (no confundir con Vladimir Aleksandrovich Serov, pintor de la Revolución rusa), conocido por ser el mejor retratista ruso de todos los tiempos, nació en una familia de artistas (sus padres eran compositores famosos) y gracias a sus contactos tuvo como profesores a Iliá Repin y a Pavel Chistiakov. Si bien tener a estos maestros como tutores le ayudó a desarrollarse de manera espectacular en poco tiempo, también coartaron su creatividad imponiéndole el estilo realista y sistemas pedagógicos muy estrictos.


Niña con melocotones, 1887.
Óleo sobre lienzo, 31 x 85 cm.
Galería Estatal Tretiakov, Moscú.


Como miembro de la clase acomodada, disfrutó del acceso y la cercanía de los grandes personajes de su época, a los que retrató con su estilo impresionista (aunque hay quien dice que hablar de impresionismo ruso es como decir que Leonardo Dantés es cantante). De todos modos, como buen alumno de Repin, cuando las cosas se pusieron feas no tuvo dudas de a quién apoyar y así, en 1905, abandonó la Academia Imperial de Bellas Artes como protesta por el Domingo sangriento.


Los soldados, los soldados, héroes. Todos y cada uno, 1905.
Témpera y carboncillo sobre cartón, 47,5 x 71,5 cm.
Galería Estatal Tretiakov, Moscú.


Como su maestro, no llegó a vivir en la URSS, ni siquiera a ver la Revolución, ya que murió en 1911, pero seguramente también hubiera acabado en un gulag en Siberia. Si quieres saber más sobre la vida y obra de este genial pintor, te puedes llevar a casa este completo estudio magníficamente ilustrado de Dmitri V. Sarabiano.

 

Thursday, September 6, 2012

Repin: realismo y revolución

Hablemos del siglo XIX. Hablemos de Rusia. Hablemos de desigualdades sociales y de bolcheviques. Hablemos de Repin. Ahora que nuestros gobernantes se empeñan en devolvernos a condiciones laborales preindustriales, ahora que hay gente a la que se desaloja por impago y mientras tanto tenemos que pagar la deuda que los bancos dejan tras de sí (somos los basureros del mundo, señores), ahora que quienes se supone que tienen que servir al pueblo ni se molestan en ponerse la careta porque, total, los vamos a votar igual. Ahora Repin está más vigente que nunca.

Este autor ruso perteneciente a Los Itinerantes (Peredvízhniki) dedicó su vida y obra a retratar las desigualdades de la Rusia de los zares (qué lejano suena y qué cerca estamos de volver, llamadme tremendista) representando por un lado las duras condiciones de vida de los campesinos y por el otro el lujo de los poderosos así como la represión contra los principios de revolución (nadie dijo que cambiar el régimen fuera fácil). Me resulta especialmente sobrecogedora la violencia que se respira en Arresto de un propagandista.

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Ilya Repin, Arresto de un propagandista, 1880-1889.
Óleo sobre lienzo, 34,8 x 54,6 cm.
Galería Estatal Tretyakov, Moscú.


La relevancia de este autor es tal, que Stalin (de quien podríamos hablar largo y tendido, pero no es el sitio ni en momento) lo adoptó como favorito y fue ejemplo para el realismo socialista (seguro que de vivir en esa época hubiera acabado en un gulag en Siberia por disidente, pero tuvo la suerte de morir en 1930). Irónicamente, el territorio en el que estaba su casa fue anexionado a Finlandia después de la Revolución del 17, por lo que nunca llegó a vivir en la URSS.

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Ilya Repin, Retrato de Leon Tolstoi como labrador en un campo, 1887.
Óleo sobre cartón, 27,8 x 40,3 cm.
Galería Estatal Tretyakov, Moscú.


Actualmente, es uno de los máximos representantes de la pintura rusa del XIX (seamos francos, aparte de los iconos religiosos, ¿alguien conoce algo anterior?) y el museo Bunkamura, en Tokio, ha decidido dedicarle una exposición que se podrá visitar hasta el 8 de octubre. Si estás por allí cerca puedes aprovechar para visitarla y, si no, puedes disfrutar en tu casa de este libro magníficamente ilustrado de Grigori Sternin y Jelena Kirillina.