Desde que comenzaran estas primeras reyertas ha pasado mucho tiempo y las situaciones en que se ha producido la guerra han variado mucho.
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Monday, June 24, 2013
¿Se puede considerar a la guerra un arte?
La guerra ha sido parte de la vida del ser humano desde que las primeras poblaciones de nómadas comenzaron a asentarse alrededor de las plantaciones de trigo. El primer lugar donde este cambio se produjo, pasar de poblaciones nómadas a asentamientosagrícolas, fue Oriente Medio, concretamente la antigua ciudad de Jericó en la actual región de Cisjordania. Desde hacía tiempo, los habitantes de esta ciudad recolectaban el trigo y lo empleaban para producir muchos de los productos que conocemos hoy en día, pero progresivamenteaprendieron a domesticar las semillas para controlar la cantidad de trigo que cultivaban, llegando a producir más de lo que consumían. Esto generó celos en las poblaciones vecinas, que carecían del conocimiento o de las condiciones favorables ―agua, tierra fértil, herramientas, trigo cuyas semillas pudieran ser replantadas y animales domesticados― para reproducir este significativo avance. La ciudad de Jericó tuvo entonces que ser fortificada, aunque no pudo evitar ser conquistada y reconquistada en numerosas ocasiones. La guerra organizada y planeada, por tanto, no es más que un intento de robar al vecino para conseguir lo que no se tiene, y halla su origen hace 10.000 años, con los nómadas del desierto que atacaron Jericó para robar el superávit de cereal. Nada que ver con las teorías sobre el instinto humano auto destructivo o de supervivencia.
Desde que comenzaran estas primeras reyertas ha pasado mucho tiempo y las situaciones en que se ha producido la guerra han variado mucho.
Desde que comenzaran estas primeras reyertas ha pasado mucho tiempo y las situaciones en que se ha producido la guerra han variado mucho.
Monday, February 25, 2013
El judío errante
No es que le negara el agua a nadie (no sé por qué me imagino que Chagall debió de ser buena persona), pero representa muy bien el tipo de judío europeo del siglo XX. Tuvo que salir de su país para que se le respetara, pese a sus esfuerzos por hacerse un hueco en su querida Rusia. Pero ya sabemos que nadie es profeta en su tierra y su adorada Vitebsk le dio la espalda (tanto que en el museo que actualmente se encuentra en la casa familiar no tienen ni un original, ¡son todo reproducciones!). Rompe el corazón lo consciente que él mismo era de la situación y cómo la asumía (lo dice en su libro Mi vida ante de partir «y quizá Europa me amará y mi Rusia me amará con ella»).

La casa gris, 1917.
Óleo sobre lienzo, 68 x 74 cm.
Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.
© Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid
Todo el mundo tiene un cierto cariño al lugar en el que ha crecido. Yo, por ejemplo, veo una imagen del Pilar y depende del día que tenga me puede caer hasta la lagrimilla (es lo que tiene estar a casi 15.000 km de casa), pero hay que admitir que lo de Chagall con Vitebsk era obsesivo. Pinta sus casas, sus calles y a sus habitantes hasta la saciedad en coloridos lienzos que mezclan memoria y fantasía, con lo que lo que podría ser melancolía pasa a ser alucinación y sus cuadros adquieren siempre una suerte de luz esperanzadora. Esto sucede incluso cuando pinta imágenes trágicas como podría ser la de debajo (claro que, para él, siendo judío, digo yo que tampoco tendría el mismo significado).

Gólgota, 1912.
Óleo sobre lienzo, 174,6 x 192,4 cm.
Museum of Modern Art, Nueva York.
© 2013 Artists Rights Society (ARS), New York / ADAGP, Paris.
Así que si tienes un mal día y te apetece animarte (además de contemplar las obras de uno de los, en mi opinión, mejores pintores del siglo XX) no dejes de pasarte por el Musée du Luxembourg donde podrás encontrar la visión de este artista que pasó por dos guerras, una revolución y dos exilios sin jamás perder la esperanza. Si crees que merece un estudio más reposado, hazte con este magnífico estudio de Sylvie Forrestier.
La casa gris, 1917.
Óleo sobre lienzo, 68 x 74 cm.
Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.
© Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid
Todo el mundo tiene un cierto cariño al lugar en el que ha crecido. Yo, por ejemplo, veo una imagen del Pilar y depende del día que tenga me puede caer hasta la lagrimilla (es lo que tiene estar a casi 15.000 km de casa), pero hay que admitir que lo de Chagall con Vitebsk era obsesivo. Pinta sus casas, sus calles y a sus habitantes hasta la saciedad en coloridos lienzos que mezclan memoria y fantasía, con lo que lo que podría ser melancolía pasa a ser alucinación y sus cuadros adquieren siempre una suerte de luz esperanzadora. Esto sucede incluso cuando pinta imágenes trágicas como podría ser la de debajo (claro que, para él, siendo judío, digo yo que tampoco tendría el mismo significado).
Gólgota, 1912.
Óleo sobre lienzo, 174,6 x 192,4 cm.
Museum of Modern Art, Nueva York.
© 2013 Artists Rights Society (ARS), New York / ADAGP, Paris.
Así que si tienes un mal día y te apetece animarte (además de contemplar las obras de uno de los, en mi opinión, mejores pintores del siglo XX) no dejes de pasarte por el Musée du Luxembourg donde podrás encontrar la visión de este artista que pasó por dos guerras, una revolución y dos exilios sin jamás perder la esperanza. Si crees que merece un estudio más reposado, hazte con este magnífico estudio de Sylvie Forrestier.
Monday, January 7, 2013
Almas gemelas mal avenidas
Dos artistas viven una intensa historia de amor llena de pasión, traiciones y desengaños durante el periodo de la guerra fría. Él, conocido comunista, utilizaba la pintura como medio de expresión de su ideología. Ella, físicamente frágil y limitada, pintaba para soportar su sufrimiento. Ambos se basaban en sus raíces comunes para llevar sus obras a cabo. Él, animal social, viajó mucho y gustaba de fiestas y recepciones. Ella, marcada por un accidente y enfermedades infantiles, se ensimismaba en su propio mundo. Podría ser el argumento de una comedia romántica, o un culebrón, pero en realidad es la vida de Frida Kahlo y Diego Rivera; su historia de amor fue intensa, llena de infidelidades y, por supuesto, arte.

Frida Kahlo, Frieda y Diego Rivera, 1931.
Óleo sobre lienzo, 100 x 78,7 cm.
San Francisco Museum of Modern Art, San Francisco.
© Banco de Mexico Diego Rivera & Frida Kahlo Museums Trust, Mexico, D.F. / Artists Rights Society (ARS), New York.
Frida «estaba rota y no enferma», según ella misma, y poseía una inmensa fuerza interior. En mi mente está inevitablemente asociada a Chavela Vargas, no sólo por la supuesta relación que mantuvieron (de la que me enteré muchísimo más tarde de que surgiera mi admiración por ambas), sino por las semejanzas que encuentro entre ellas: mujeres fuertes, rebeldes y autosuficientes en un mundo que les era hostil; ambas encontraron en el arte una manera de expresarse que llevó a muchos de los que las hubieran censurado a admirarlas y a comprender un mensaje que jamás hubieran aceptado de otro modo.
La vida en pareja con Diego debió de resultarle muy dolorosa. Corrijo, debió de resultarles muy dolorosa a ambos, ya que los dos fueron infieles y las peleas eran constantes; sin embargo, no se entiende la obra de ninguno de los dos sin la influencia del otro. Era una simbiosis lacerante, un «ni contigo ni sin ti» llevado al extremo. Compartieron ideología, arte, amigos, amor y desamor admiración y respeto mutuo, y mucho dolor. Pero al final, cuando ella por fin murió y pudo descansar de los padecimientos que la habían postrado en una silla de ruedas, Diego escribió: «Yo me he dado cuenta que lo más maravilloso que me ha pasado en mi vida ha sido mi amor por Frida.»

Diego Rivera, El hombre controlador del universo (o El hombre en el cruce de caminos) (detalle), 1934.
Fresco sobre bastidor metálico transportable, 4.80 x 11.45 m.
Palacio de Bellas Artes, Ciudad de México.
Aún tienes unos días para acercarte a la exposición «Frida & Diego: Passion, Politics and Painting» (20 de octubre de 2012-20 de enero de 2013) que hospeda la Art Gallery of Ontario, en Toronto, y descubrir esta relación tormentosa, sus influencias mutuas e intereses comunes y el arte que se derivó de ella. O si prefieres darte un tiempo para estudiarlos y comprenderlos mejor (la ocasión lo merece), puedes hacerte con los estudios que les dedica Gerry Souter: Kahlo y Rivera (ambos en inglés).
Frida Kahlo, Frieda y Diego Rivera, 1931.
Óleo sobre lienzo, 100 x 78,7 cm.
San Francisco Museum of Modern Art, San Francisco.
© Banco de Mexico Diego Rivera & Frida Kahlo Museums Trust, Mexico, D.F. / Artists Rights Society (ARS), New York.
Frida «estaba rota y no enferma», según ella misma, y poseía una inmensa fuerza interior. En mi mente está inevitablemente asociada a Chavela Vargas, no sólo por la supuesta relación que mantuvieron (de la que me enteré muchísimo más tarde de que surgiera mi admiración por ambas), sino por las semejanzas que encuentro entre ellas: mujeres fuertes, rebeldes y autosuficientes en un mundo que les era hostil; ambas encontraron en el arte una manera de expresarse que llevó a muchos de los que las hubieran censurado a admirarlas y a comprender un mensaje que jamás hubieran aceptado de otro modo.
La vida en pareja con Diego debió de resultarle muy dolorosa. Corrijo, debió de resultarles muy dolorosa a ambos, ya que los dos fueron infieles y las peleas eran constantes; sin embargo, no se entiende la obra de ninguno de los dos sin la influencia del otro. Era una simbiosis lacerante, un «ni contigo ni sin ti» llevado al extremo. Compartieron ideología, arte, amigos, amor y desamor admiración y respeto mutuo, y mucho dolor. Pero al final, cuando ella por fin murió y pudo descansar de los padecimientos que la habían postrado en una silla de ruedas, Diego escribió: «Yo me he dado cuenta que lo más maravilloso que me ha pasado en mi vida ha sido mi amor por Frida.»
Diego Rivera, El hombre controlador del universo (o El hombre en el cruce de caminos) (detalle), 1934.
Fresco sobre bastidor metálico transportable, 4.80 x 11.45 m.
Palacio de Bellas Artes, Ciudad de México.
Aún tienes unos días para acercarte a la exposición «Frida & Diego: Passion, Politics and Painting» (20 de octubre de 2012-20 de enero de 2013) que hospeda la Art Gallery of Ontario, en Toronto, y descubrir esta relación tormentosa, sus influencias mutuas e intereses comunes y el arte que se derivó de ella. O si prefieres darte un tiempo para estudiarlos y comprenderlos mejor (la ocasión lo merece), puedes hacerte con los estudios que les dedica Gerry Souter: Kahlo y Rivera (ambos en inglés).
Monday, September 10, 2012
Serov, el impresionista revolucionario
Últimamente hemos oído mucho el nombre de Serov, refiriéndose desde al ciclista olímpico a la pequeña ciudad rusa de la que desapareció un avión el mes pasado. También de Rusia, con el caso de las Pussy Riot y su presidente dedicándose a liderar una bandada de cigüeñas. Pero el Serov que nos interesa, ruso, como se puede deducir del nombre, vivió a caballo entre los siglos XIX y XX.
Valentín Serov (no confundir con Vladimir Aleksandrovich Serov, pintor de la Revolución rusa), conocido por ser el mejor retratista ruso de todos los tiempos, nació en una familia de artistas (sus padres eran compositores famosos) y gracias a sus contactos tuvo como profesores a Iliá Repin y a Pavel Chistiakov. Si bien tener a estos maestros como tutores le ayudó a desarrollarse de manera espectacular en poco tiempo, también coartaron su creatividad imponiéndole el estilo realista y sistemas pedagógicos muy estrictos.

Niña con melocotones, 1887.
Óleo sobre lienzo, 31 x 85 cm.
Galería Estatal Tretiakov, Moscú.
Como miembro de la clase acomodada, disfrutó del acceso y la cercanía de los grandes personajes de su época, a los que retrató con su estilo impresionista (aunque hay quien dice que hablar de impresionismo ruso es como decir que Leonardo Dantés es cantante). De todos modos, como buen alumno de Repin, cuando las cosas se pusieron feas no tuvo dudas de a quién apoyar y así, en 1905, abandonó la Academia Imperial de Bellas Artes como protesta por el Domingo sangriento.

Los soldados, los soldados, héroes. Todos y cada uno, 1905.
Témpera y carboncillo sobre cartón, 47,5 x 71,5 cm.
Galería Estatal Tretiakov, Moscú.
Como su maestro, no llegó a vivir en la URSS, ni siquiera a ver la Revolución, ya que murió en 1911, pero seguramente también hubiera acabado en un gulag en Siberia. Si quieres saber más sobre la vida y obra de este genial pintor, te puedes llevar a casa este completo estudio magníficamente ilustrado de Dmitri V. Sarabiano.
Valentín Serov (no confundir con Vladimir Aleksandrovich Serov, pintor de la Revolución rusa), conocido por ser el mejor retratista ruso de todos los tiempos, nació en una familia de artistas (sus padres eran compositores famosos) y gracias a sus contactos tuvo como profesores a Iliá Repin y a Pavel Chistiakov. Si bien tener a estos maestros como tutores le ayudó a desarrollarse de manera espectacular en poco tiempo, también coartaron su creatividad imponiéndole el estilo realista y sistemas pedagógicos muy estrictos.
Niña con melocotones, 1887.
Óleo sobre lienzo, 31 x 85 cm.
Galería Estatal Tretiakov, Moscú.
Como miembro de la clase acomodada, disfrutó del acceso y la cercanía de los grandes personajes de su época, a los que retrató con su estilo impresionista (aunque hay quien dice que hablar de impresionismo ruso es como decir que Leonardo Dantés es cantante). De todos modos, como buen alumno de Repin, cuando las cosas se pusieron feas no tuvo dudas de a quién apoyar y así, en 1905, abandonó la Academia Imperial de Bellas Artes como protesta por el Domingo sangriento.
Los soldados, los soldados, héroes. Todos y cada uno, 1905.
Témpera y carboncillo sobre cartón, 47,5 x 71,5 cm.
Galería Estatal Tretiakov, Moscú.
Como su maestro, no llegó a vivir en la URSS, ni siquiera a ver la Revolución, ya que murió en 1911, pero seguramente también hubiera acabado en un gulag en Siberia. Si quieres saber más sobre la vida y obra de este genial pintor, te puedes llevar a casa este completo estudio magníficamente ilustrado de Dmitri V. Sarabiano.
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Thursday, September 6, 2012
Repin: realismo y revolución
Hablemos del siglo XIX. Hablemos de Rusia. Hablemos de desigualdades sociales y de bolcheviques. Hablemos de Repin. Ahora que nuestros gobernantes se empeñan en devolvernos a condiciones laborales preindustriales, ahora que hay gente a la que se desaloja por impago y mientras tanto tenemos que pagar la deuda que los bancos dejan tras de sí (somos los basureros del mundo, señores), ahora que quienes se supone que tienen que servir al pueblo ni se molestan en ponerse la careta porque, total, los vamos a votar igual. Ahora Repin está más vigente que nunca.
Este autor ruso perteneciente a Los Itinerantes (Peredvízhniki) dedicó su vida y obra a retratar las desigualdades de la Rusia de los zares (qué lejano suena y qué cerca estamos de volver, llamadme tremendista) representando por un lado las duras condiciones de vida de los campesinos y por el otro el lujo de los poderosos así como la represión contra los principios de revolución (nadie dijo que cambiar el régimen fuera fácil). Me resulta especialmente sobrecogedora la violencia que se respira en Arresto de un propagandista.

Ilya Repin, Arresto de un propagandista, 1880-1889.
Óleo sobre lienzo, 34,8 x 54,6 cm.
Galería Estatal Tretyakov, Moscú.
La relevancia de este autor es tal, que Stalin (de quien podríamos hablar largo y tendido, pero no es el sitio ni en momento) lo adoptó como favorito y fue ejemplo para el realismo socialista (seguro que de vivir en esa época hubiera acabado en un gulag en Siberia por disidente, pero tuvo la suerte de morir en 1930). Irónicamente, el territorio en el que estaba su casa fue anexionado a Finlandia después de la Revolución del 17, por lo que nunca llegó a vivir en la URSS.

Ilya Repin, Retrato de Leon Tolstoi como labrador en un campo, 1887.
Óleo sobre cartón, 27,8 x 40,3 cm.
Galería Estatal Tretyakov, Moscú.
Actualmente, es uno de los máximos representantes de la pintura rusa del XIX (seamos francos, aparte de los iconos religiosos, ¿alguien conoce algo anterior?) y el museo Bunkamura, en Tokio, ha decidido dedicarle una exposición que se podrá visitar hasta el 8 de octubre. Si estás por allí cerca puedes aprovechar para visitarla y, si no, puedes disfrutar en tu casa de este libro magníficamente ilustrado de Grigori Sternin y Jelena Kirillina.
Este autor ruso perteneciente a Los Itinerantes (Peredvízhniki) dedicó su vida y obra a retratar las desigualdades de la Rusia de los zares (qué lejano suena y qué cerca estamos de volver, llamadme tremendista) representando por un lado las duras condiciones de vida de los campesinos y por el otro el lujo de los poderosos así como la represión contra los principios de revolución (nadie dijo que cambiar el régimen fuera fácil). Me resulta especialmente sobrecogedora la violencia que se respira en Arresto de un propagandista.
Ilya Repin, Arresto de un propagandista, 1880-1889.
Óleo sobre lienzo, 34,8 x 54,6 cm.
Galería Estatal Tretyakov, Moscú.
La relevancia de este autor es tal, que Stalin (de quien podríamos hablar largo y tendido, pero no es el sitio ni en momento) lo adoptó como favorito y fue ejemplo para el realismo socialista (seguro que de vivir en esa época hubiera acabado en un gulag en Siberia por disidente, pero tuvo la suerte de morir en 1930). Irónicamente, el territorio en el que estaba su casa fue anexionado a Finlandia después de la Revolución del 17, por lo que nunca llegó a vivir en la URSS.
Ilya Repin, Retrato de Leon Tolstoi como labrador en un campo, 1887.
Óleo sobre cartón, 27,8 x 40,3 cm.
Galería Estatal Tretyakov, Moscú.
Actualmente, es uno de los máximos representantes de la pintura rusa del XIX (seamos francos, aparte de los iconos religiosos, ¿alguien conoce algo anterior?) y el museo Bunkamura, en Tokio, ha decidido dedicarle una exposición que se podrá visitar hasta el 8 de octubre. Si estás por allí cerca puedes aprovechar para visitarla y, si no, puedes disfrutar en tu casa de este libro magníficamente ilustrado de Grigori Sternin y Jelena Kirillina.
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