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Monday, April 8, 2013

A la caza del tesoro

Ya no quedan piratas. Al menos no del tipo de aquellos errantes del mar con parche en el ojo, loro en el hombro y pata de palo. Mucho han hecho las películas recientes sobre el sujeto por alterar el mito y mostrar al pirata como un apuesto galán defensor de buenas causas, pero en mis infantiles recuerdos están grabadas las imágenes de este otro tipo de pirata malo que solo se preocupaba por robar barcos cargados de metales preciosos y beber mucho ron, todo ello con una buena dosis de rudo lenguaje y mala leche. Arrrrr.

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Arnold Böcklin, Attack by Pirates, c. 1880. Barniz de color en lienzo de caoba, 153 x 232 cm. Wallraf-Richartz-Museum, Colonia (Alemania).


Y es que no tenía que ser fácil estar todo el día en alta mar sin rumbo fijo, rodeado de marineros sin escrúpulos y sin entablar contacto con nadie más que con los barcos a los que se buscaba saquear y hundir, preferentemente en ese orden, asesinando de paso a todo aquel que no estuviera de acuerdo con el plan. Por eso me resulta más creíble la imagen del rufián asesino que la moderna versión idealizada, más útil también porque enseñaba a diferenciar a los buenos de los malos, algo sobre lo que hoy en día nos empeñamos en errar, demarcando límites absurdos para no caer en lo políticamente incorrecto y, al mismo tiempo, reescribir la historia. Por desgracia, los malos de hoy en día son terroristas con acento o meras invenciones del pasado o del futuro, cuando no una mezcla de ambas cosas. Pero estábamos diciendo, los piratas. Un triste corolario de su desaparición, ignoremos por un segundo que esta ocupación está de nuevo en alza por las costas caribeñas o de Asia, es la obligación de desistir de imaginar la búsqueda y hallazgo de tesoros. Ya no quedan pergaminos ajados y amarillentos con el dibujo de la tierra de alguna costa en la que se podía encontrar, debajo de la x, el botín de algún bucanero entrado en años, que viendo lo mal que iba ya por aquel entonces la cosa de las pensiones, decidía esconder todos sus tesoros en un baúl. Pero todo esto ha pasado ya de moda, ahora los filibusteros ya no roban por el placer de no trabajar todos los días ni, menos todavía, entierran sus tesoros lejos de la vista de despistados transeúntes.

O eso nos habíamos creído. El primer conde de Iveagh, Edward Cecil Guinness (1847–1927), gracias a una abultada herencia proveniente de la cervecería más importante del mundo, no sabría decir cuál, amasó en su modesta mansión de Londres una enorme colección de retratos, paisajes y obras holandesas y flamencas del siglo XVII. Esta colección, llamada Iveagh Bequest en su honor, fue donada tras su muerte al Estado y se encuentra desde entonces alojada en la Kenwood House de la misma capital. Este tesoro se componía de obras maestras de figuras como Rembrandt, Van Dyck, Gainsborough, Reynolds, Hals, o Turner, y ha sido objeto de admiración desde su donación hasta que las obras de renovación del edificio de la Kenwood House interrumpieron las visitas. Por este motivo, los dueños decidieron no privarnos a todos de su contemplación y dejaron a los cuadros atravesar el océano para cederlos en una exposición temporal al Milwaukee Art Museum: Rembrandt, Van Dyck, Gainsborough: The Treasures of Kenwood House, London y aquí podéis ver un pequeño resumen (en inglés). En la muestra se podían ver 48 obras culminantes de una época, entre las que se encontraban joyas como el Retrato del artista de Rembrandt; Mary, condesa de Howe de Gainsborough; Princesa Henrietta de Lorena asistida por un paje de Van Dyck; Escena de la costa con pescadores halando un barco de Turner, o Miss Murray de Lawrence.

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Joseph Mallord William Turner, A Coast Scene with Fishermen Hauling a Boat Ashore ("The Iveagh Sea-Piece"), c. 1803-04. Óleo sobre lienzo, 91,75 x 122,55 cm. Kenwood House, Londres.


Así que ahora ya podemos marcar con una x el punto de la costa inglesa donde se encuentra este tesoro artístico, la Kenwood House, pues la exposición temporal ya cerró sus puertas (mejor, esta otra nos queda más cerca, que una cosa es ser pirata y otra muy distinta estar meses en un barco para apoderarse de la conquista). Así podremos matar dos pájaros de un tiro, revivir nuestras aventuras infantiles mientras imaginamos aprehendernos del tesoro y, al llegar, gozar de la magnífica selección del heredero coleccionista. Para el viaje, como siempre, una pequeña recomendación: el libro de la serie grandes maestros de Victoria Charles sobre Anthony van Dyck y el de Émile Michel sobre Harmensz Van Rijn Rembrandt. Ah, y no olvidéis el líquido para no deshidrataros, no sé, así de repente se me ocurre: ¡Ron, ron, ron, la botella de ron!

 

PS: Para aquellos que hayáis temido lo peor, no os preocupéis, los cuadros hicieron el viaje en avión, que ya sabéis que últimamente los piratas están otra vez haciendo de las suyas. Y no me vengáis con que los viajes en avión tampoco son ya seguros, que yo no me lo creo, aunque eso lo dejaremos ya para una próxima entrega.

Tuesday, November 27, 2012

„Hopfen und Malz – Gott erhalt‘s!“

Es geht doch eigentlich nichts über ein kühles, frisch gezapftes Bier an einem heißen Sommertag an der Elbe, im Biergarten oder bei Freunden. Und während bei uns Pils und Hefeweizen ganz besonders beliebt sind, trink man im Pub im schönen Irland schon eher ein Lager, Irish red ale oder das traditionelle Guinness. Doch was hat diese Traditionsbrauerei mit dem Niederländer Rembrandt van Rijn (1606-1669), dem Engländer Thomas Gainsborough (1727-1788) und dem Flamen Anthonis van Dyck (1599-1641) gemeinsam? Edward Cecil Guinness, 1st Earl of Iveagh (1847–1927), der zwar nicht der Gründer, aber der Erbe des Familienunternehmens und nicht nur im Bierbrauen recht erfolgreich war.

Mit seinen hauptsächlich in den Jahren 1887 bis 1891 angekauften Werken englischer, flämischer und niederländischer Künstler des 17. bis 19. Jahrhunderts bestimmte er neben den Bankiers Rothschild, John Pierpont Morgan (1837-1913) und Henry Clay Frick (1849-1919) den Kunstmarkt und -geschmack seiner Zeit. Die für die damalige englische Aristokratie typische Kunstsammlung umfasst zahlreiche Porträts von Rembrandt bis Gainsborough sowie Seestücke von William Turner (1775-1851) und Aelbert Jacobszoon Cuyp (1620-1691). Zur Unterbringung seiner umfangreichen Sammlung von Landschaften und Porträts erwarb Edward Cecil Guinness 1925 Kenwood House in London, welches kurz nach seinem Tod 1927 der Öffentlichkeit als Museum zugänglich gemacht wurde.

 


Rembrandt van Rijn, Selbstporträt, ca. 1665.
Öl auf Leinwand, 114,3 x 94 cm.
English Heritage, Iveagh Bequest, Kenwood House.


 

Im Zusammenhang weitreichender Renovierungsmaßnahmen am Kenwood House sind nun 48 Werke einer der bedeutensten englischen Sammlungen, dem Iveagh Bequest, auf Amerika-Reise. Die Ausstellung Rembrandt, van Dyck, Gainsborough: The Treasures of Kenwood House, London ist noch bis zum 13. Januar 2013 im Milwaukee Art Museum zu sehen, bevor sie dann weiter ins Seattle Art Museum und zum Arkansas Art Center zieht.

Entdecken Sie alternativ und zusammen mit Victoria Charles und Emile Michel die Meisterwerke van Dycks und Rembrandts mit den Büchern des Verlages Parkstone International.